14 de diciembre de 2010

Chiva, esa gran desconocida...

Dedicado a los deportistas honrados.

Chiva tiene suerte. No sólo por tener ese enorme y majestuoso entorno natural que le rodea, sino por contar entre sus habitantes con personas con el arrojo, ilusión y capacidad de (mucho) trabajo que hacen falta para sacar adelante una carrera tan estupenda como la de este domingo 12 de diciembre. Un pueblo entero implicado, orgulloso de mostrar lo mejor que tienen ante los cientos de visitantes que ese fin de semana pululaban por sus calles y recónditos parajes.

 
Se trataba de una primera edición. Y las opiniones son unánimes a la hora de valorar su desarrollo. La tarde del sábado, apenas doce horas antes de iniciarse la carrera, tuvo lugar en el Ayuntamiento un pequeño pero significativo acto de presentación. Chiva debutaba en el marco de las carreras de montaña de larga distancia y en su puesta de largo poco o nada dejaron a la improvisación. Se advertía mimo en cada detalle y todo aquello que pudiera ser lo mejor y más cómodo para el corredor era el pensamiento que guiaba sus actuaciones.

Los dorsales se entregaban a la vez que la bolsa del corredor. ¡Y qué bolsa! Empezando por ser de aquellas que se pueden utilizar muchísimas veces, su contenido tenía una camiseta técnica de manga larga, un chaleco de forro polar, estuche, llavero y artículos varios, todo entre un montón de trompuderías dulces y saladas. El dorsal incluía el nombre completo de su portador, así como un muy apreciable perfil de la carrera (impreso cabeza abajo para ser leído una vez fijado a la camiseta) con los puntos kilométricos y los avituallamientos señalados. Detalles así, que cuestan poco y valen mucho, daban confianza al corredor.


64 km y 6.000 m de desnivel acumulado ya son metros... Infunden respeto. Pero si encima en el acto de presentación escuchas a corredores de élite como Salvador Calvo Redondo (llegado desde León) y Adolf Aguiló Bort hablar de sufrimiento, sufrimiento y más sufrimiento, pues la verdad es que una se va a la cama esa noche un poco más intranquila de lo que ya de por sí tocaba… Aun así, los corredores que abarrotábamos el salón de actos del Ayuntamiento, nos dábamos ánimo con nuestra presencia. Sentir que no estarás solo, darte cuenta de que tus dudas son las de otros y que a pesar de los siete picos con que amenazaba el perfil es posible compartir unas risas y un ambiente relajado entre los organizadores e invitados que presidían la mesa y el público que llenaba la sala ávido de escuchar las palabras que esa noche se pronunciaron.



Salvador y Adolf son dos corredores de montaña muy dispares entre sí. La diferencia de edad entre ellos (veterano y curtido el primero, joven y explosivo el segundo, pero fuertísimos ambos), tal vez explique los diferentes puntos de vista que manifestaron ante las preguntas del público. Me impresionaron especialmente las palabras de Salvador, que casi logra convencernos de que lo iba a pasar tan mal como el resto de nosotros. Finalmente cruzó la meta en cuarto lugar, pero aquí ha debido de afectarle, supongo, un despiste en los primeros kilómetros (aún no amanecía y corríamos con luces frontales). Aproximadamente en el minuto 25 de carrera, Salvador adelantaba desde la cola del grupo, intentado enmendar la mala dirección que sin querer había tomado. Adolf, por su parte, que también habría cometido el mismo error, se retiró tempranamente de la carrera sin que mediara ninguna lesión (hasta donde he podido saber), entendiendo, quizá, que ya no lograría un resultado satisfactorio para él. A mi entender, este gesto da mucha más valía a los 176 corredores que lo dimos todo ese día.


Domingo, por fin, a las 7 de la mañana. Aún oscuro... Imprescindible ajustarse bien los frontales para distinguir el camino y las señales. La concejala de Medio Ambiente, muy implicada en este proyecto, fue la encargada de dar la salida con su desenfadado “un, dos, tres, ¡ya!” que por un instante nos retrotraía a esas carrerillas en el patio del colegio.

Hubo que correr unos cuando kilómetros antes de pisar un terreno realmente agreste y con cierto desnivel. También hay belleza a esas horas primeras de la mañana, cuando desde cierta altitud uno puede deleitarse contemplando esa hilera de lucecillas de los frontales que avanza serpenteando en mitad del negro paisaje. Esos pequeños puntos luminosos en la distancia representan una comunidad de grandes espíritus.

Y a medida que clareaba el día, la sierra de Chiva se iba mostrando con todo su esplendor y verdor. Hizo un día con temperaturas excelentes para correr. Mínimas de 5 ºC a primera hora y máximas de18ºC. Pasos difíciles, incluso en algunos tramos hubo que habilitar cuerdas para posibilitar la subida o la bajada. Cintas blancas de plástico, líneas verdes pintadas en el asfalto para retornar a la meta callejeando por el casco urbano y disposición de luces en la segunda mitad del recorrido para guiar a los corredores que hicieran ese tramo de noche conformaban la excelente señalización a la que no se le puede objetar nada. Aquí se nota la experiencia del personal que ideó el recorrido.

Una de las experiencias más significativas y que sólo podía producirse esta vez, fue la de hollar por primera vez en varias décadas terrenos que hasta antes de esta carrera eran impracticables, ya sea porque cayeron en desuso al disminuir la actividad ganadera o porque jamás antes habían existido. Muchas manos anónimas de Chiva ayudaron a desbrozar y limpiar las sendas por las que luego pasaríamos nosotros, inaugurándolas oficialmente como “sendas para corredores”. Privilegios de participar en la primera edición…

Los dos puntos que esta prueba concedía para el UTMB despertaban un interés adicional entre corredores de larga distancia que incluso llegaron del extranjero para participar. Esto también garantizaba un cierto nivel entre los inscritos. Los tiempos de la clasificación son de reconocimiento, en ambos sexos y en todas sus categorías. No hubo accidentes de consideración y muy poquísimas deserciones a mitad de recorrido. Los últimos veinte kilómetros de esta prueba se hacen más con la mente que con las piernas…

Chiva tiene una sierra extensísima y muy abrupta en muchos tramos. Pocos paseantes íbamos a encontrar, pero aún así los que aparecían animaban con esa generosidad que tanto emociona cuando proviene de extraños. Los puestos de avituallamiento eran atentos y diligentes. El más animado, sin duda, aquél que nos recibía con música andina y ponchos y gorros de lana al más puro estilo del altiplano boliviano. Sólo les faltaba la alpaca…

Ya en el pueblo, la recepción no podía ser más cálida. Por megafonía se nos recibía a todos los corredores con la misma efusión con que se recibió al primero. Enseguida nos daban el certificado de nuestra participación y se nos invitaba a una sala en el interior para reponer fuerzas con el refrigerio preparado. Botella de vino para todos y ramo de rosas para las atalantas.


Había premios para las categorías absoluta, veteranos y locales de Chiva. El pueblo era una fiesta y todo el mundo se implicaba. Los hosteleros daban facilidades a los corredores que quisieran desayunar a las 6 de la mañana y ducharse después de la carrera y hasta la asociación local jubilados quiso estar presente preparando sin cesar unos ricos buñuelos y chocolate caliente.

Chiva tiene suerte. Y los que hemos formado parte de esta primera carrera de montaña por su sierra, también. El Ayuntamiento ya ha manifestado su ilusión en preparar la segunda edición del 2011 y como todas las crónicas sean como esta, me parece que van a tener que hacer un sorteo de inscripciones.

¡Enhorabuena a todos: clubes organizadores, regidores políticos, habitantes de Chiva y corredores!

Enlaces:
Página oficial de la carrera.
Lo que se ha dicho en otros blogs...

9 de diciembre de 2010

Marcha y Carrera de Montaña en Castalla


Miércoles 8 de diciembre. Aunque por la temperatura que hacía, nadie lo diría. ¡Guantes fuera! Un tiempo sorprendente. Ya sé que es Alicante, pero aun así, una buena parte del país estaba cubierta de nieve y en otras las lluvias torrenciales desbordaban ríos y provocaban inundaciones. Castalla estaba perfecta ese día. Ya sea para correr o caminar, ya que este evento aunaba ambas actividades. A las 8:30 de la mañana, tras una traca (traquita, más bien, por lo breve) salían los senderistas con buen ánimo y alegría. Hora y media más tarde, a las 10 en punto, una traca más lucida hacía que los corredores ajustaran sus cronómetros y dieran sus primeras zancadas voladoras. ¡Empezaba bien! Soy de las que piensa que lo que se inicia con puntualidad, difícilmente puede acabar mal…


Por delante, 16 preciosos kilómetros que recorren los montes aledaños a la población de Castalla. Es esta una de esas pruebas que puedes ajustar a tu medida. Si eres una corredora de fondo, acostumbrada más al asfalto y a los desniveles suaves pero te han hablado de lo fascinante que son las carreras de trail, esta prueba puede ser ideal para introducirte en ellas. Te prometo que tus sensaciones serán muy buenas. Y si eres una veterana de las montañas y te gusta correr entre piedras, ensuciarte las zapatillas y disfrutar de preciosas vistas (incluyendo divisar el mar desde lo alto), esta carrera te da todo esto y más, ya que puedes imprimirle a tu carrera una gran velocidad o tomártelo de forma más relajada como si de un día de entrenamiento de rodaje largo se tratara.

Te doy los datos de participación: 34 mujeres destacaban dignamente entre el total de 375 corredores.  Una cuota que corresponde al 9% para nuestro sexo. Lo usual, por otra parte, aunque sería deseable y alentador una mayor concurrencia de chicas.

El recorrido es seguro, sin tramos demasiado peligrosos. Hay duchas disponibles en el polideportivo de la ciudad, pero está apartado de la meta y querrás llegar allí en coche. La zona de salida no tiene problemas de aparcamiento al estar en una zona de baja densidad residencial. Por lo mismo, la infraestructura de bares y sus magníficos aseos es un poco deficitaria.

Sólo una cosa eché en falta: la indicación del kilómetro de recorrido en la carrera. Ni siquiera hace falta indicarlos de uno en uno. Con indicar el km 4 y el 8 y el 12, ya sabe uno cuándo ha recorrido el 25, 50 y 75% del total de la distancia. No creo que suponga demasiado esfuerzo y sí es una buena ayuda para el corredor que no se conoce el terreno de antemano.


Por lo demás, una carrera bien organizada, hay que decir. Orden en la entrega de los chips y dorsales, buena señalización (cintas plásticas blancas), control de chip a mitad de recorrido, dos puestos con botellines de agua (km 7 y km 10,5); y bolsa de corredor con un simpático juguete (es la tradición, tratándose de Castalla) y una camiseta de algodón en la talla que se indica en el momento de la inscripción (detalle que es muy de agradecer).

6 de diciembre de 2010

Julie Moss, al límite.

Hoy quiero contar la historia de una mujer cuyo nombre, me temo, es bastante desconocido en el mundo hispanohablante, si bien no lo es en absoluto para quienes participan en triatlones (sobre todo a partir de cierta edad) y maratones en el mundo anglosajón, sobre todo en Estados Unidos, de donde esta atalanta es originaria.  Sus inicios como atleta se produjeron de una forma que nadie, ni ella misma, hubiera podido imaginar…

Su historia (al menos la que nos interesa y que voy a relatar aquí), empieza en 1981.  Julie Moss era una chica como cualquier otra.  Bueno, para ser más precisos, era una chica pija de California, como tantas otras, que practicaba el surf desde los 14 años y en 1981 debía presentar, sin mucho empeño por su parte, un proyecto de fin de carrera.  Estudiaba Educación Física en una universidad de la localidad californiana de San Luis Obispo.  

Una tarde, holgazaneando frente al televisor, llama su atención el Ironman (en una de sus tempranas ediciones) que transmitía desde Hawaii la cadena ABC.
HAWAII...  Fue casi lo único en lo que Julie reparó.  Sabía que podría conseguir que su madre pagara el viaje y todos sus gastos si lograba convencerla de que debía ir a Hawaii para recopilar algunos datos para ese proyecto de fin de carrera.

Así que sólo le faltaba enterarse de qué era eso del triatlón.  Pudo enterarse que se trataba de nadar 2.4 millas (3.8 km), rodar en bicleta 112 millas (180 km) y finalmente correr un maratón.
Julie Moss no sólo no había corrido un maratón en su vida, sino que no tenía la más mínima idea de lo que suponía nadar esa distancia ni recorrer en bicicleta durante todos los kilómetros que exigía la prueba en la que inconscientemente se había inscrito.  Para ella, el Ironman simplemente representaba la mejor oportunidad en ese momento de ir a Hawaii.  (Estamos hablando de la década de los ’80, cuando este archipiélago de islas comenzó a despuntar como destino turístico por excelencia entre los norteamericanos).  ¿Ironman, kilómetros…?  No eran más que un concepto, un dato, apenas números.  Algo sin ningún significado en la vida real (de Julie).  Su tesis sobre las “consecuencias fisiológicas de, bla, bla, bla…” era su pasaporte a la diversión a lo grande.

**Llega el día.  Primera señal de alarma: la seriedad y responsabilidad con que se preparaba el resto de participantes.  Parecían verdaderos profesionales, ¡con accesorios que incluso iban conjuntados con el resto de su vestimenta deportiva!  Un sentimiento de “patito feo” la invadió, y puesto que no podía echarse atrás, intentaría pasar desapercibida.  “Primera y última vez”, se dijo, aun antes de empezar.

Julie nadó y pedaleó.  Y no lo hizo nada mal...  Carecía por completo de una postura aerodinámica, pero por nada del mundo dejaría que la filmaran encorvada sobre el manillar de su bicicleta.  Iba erguida y sonriente; le encantaba que la enfocaran, aunque eso supusiera arrojar al camino la barra de chocolate que estaba a punto de comerse cuando, una vez más, las cámaras la buscaban.  ¡Ni loca saldría con los morros sucios en televisión nacional!
**Tercera y última parte de la competición.  Nada más bajar de la bicicleta le advierten que sólo lleva a una chica por delante.  (Se trataba nada más y nada menos que de Kathleen McCartney, renombrada ciclista de élite).

¿¿¿Cómo rayos puede Julie estar en segundo lugar???  Sin embargo, ¡Julie estaba teniendo un rendimiento excelente!  Empieza a correr…  La mujer en primera posición sufría una lesión en el talón de Aquiles que le daría problemas en la carrera a pie.  A los 12 km del maratón, Julie la adelanta y queda en primer puesto.

Y algo se produce en su interior.  Un cambio grandioso que le hace darse cuenta de que, por fin, algo se le daba bien.  Y alguien corre detrás de ella para arrebatarle eso que de repente se ha convertido en “muy importante”.  Más de 2 km separan a las dos primeras corredoras, pero Julie casi podía sentir el aliento de Kathleen en su nuca…

Las cosas estaban cambiando.  Las buenas sensaciones físicas de las primeras pruebas estaban desapareciendo y su cuerpo empezaba a acusar las consecuencias de verse sometido a tan exigente prueba.  Llegarían los calambres y molestias estomacales.

**Faltan 400 m para cruzar la línea de meta.  Julie aún lidera la carrera.  Y es entonces cuando…  Mejor veámoslo en este vídeo…


Sus piernas sucumben.  Cae.  Piensa en levantarse, pero sus extremidades simplemente no responden.  Tendida en el suelo, se le ocurre que tal vez pueda ayudarse de los brazos para formar una especie de trípode que le ayuden a levantar unas piernas como de muerto.  Lo consigue; camina un poco.  La mujer en segunda posición está cada vez más cerca.  Puede sentirla.  Puede verla.  Kathleen adelanta a Julie.  “Ahí va… Me ha adelantado.  Me rindo.  A la mierda todo”.  

**A 10 m de la meta.  Una voz interior le dice:  “¡Arriba.  Camina!”.  Y Julie decide que, aunque sea arrastrándose, llegará a la meta.  Y así lo hace.  Centímetro a centímetro, la chica coqueta que tira el chocolate, llega a gatas, sucia de sus propios excrementos que no pudo contener, rodeada de cámaras.  Cruza la línea de meta...

Julie no ganó.  Quedó en segunda posición, oficialmente.  Pero todo un país pudo ver a la verdadera ganadora moral del Ironman de ese año.  (Obsérvese la cara de Kathleen McCartney en el vídeo, que no acaba de enterarse de que ha llegado primera hasta que no le cuelgan el collar de flores al cuello).

Ese día la vida de Julie Moss cambió para siempre.  Hizo un pacto consigo misma:  “No importa si duele, no importa si me ensucio, no me importa cómo esté:  acabaré”.  Según Julie, todos tenemos esa voz que a ella le habló:  es la voz de nuestro verdadero yo que nos dice que no existen los límites.


 



3 de diciembre de 2010

¿Quién dijo que en Murcia no hay carreras CHULAS?

Más corta, más larga, en bicicleta o en formato para senderistas.  Había opción hasta para lucirse con la cámara de fotos, ocasión dada con el concurso fotográfico que brindaba la carrera.

Una primera edición que no puede ser calificada coomo menos que ÉXITO ROTUNDO.

La atalanta Hortensia nos relata su visión al ser una de las participantes de esta carrera y sobreponerse a algunas circunstancias adversas, entre ellas, una metereología que está lejos de la Murcia cálida que reza el slogan.




Yeti Trail...  Qué nombre mítico.  Qué carrera guapa.  Perdón:  "wapa"...

29 de noviembre de 2010

K25 Trail de la Calderona

Este domingo pude disfrutar de una bonita carrera de montaña en la, para mí, no muy conocida Sierra de la Calderona, en la provincia de Valencia.



Puedes leer la crónica aquí.  Sería una pena si, como es muy posible, este evento desapareciera del calendario.  Crisis económicas y políticas, recortes de presupuesto, sobrecarga de trabajo del comité organizador... Algo de eso, o todo junto, amenazan no sólo esta sino muchas otras entrañables carreras de muy buen nivel participativo.

Difundir para promover, conocer para proteger.  Así ha sido la edición 2010.

22 de noviembre de 2010

6 razones para decirle SIIIIIÍ al chocolate


Mi interés, más o menos científico, por el chocolate data desde que era una niña. Con qué gusto me sometía a mis propios experimentos con el fin de determinar cuál era la mejor forma de ingerirlo. Podía dejar que se fundiera lentamente en mi boca, presionándolo contra el paladar… O por el contrario, dejar oír sus sonidos crujientes cuando mis dientes daban contra su brillante textura o masticaban las ricas sorpresas que ocultaba su interior… Por otra parte, ¿cuál estaba mejor: el chocolate americano o europeo? Y sobre todo: ¡¿por qué no fabricaron m&m’s azules hasta 1995?! Estas eran las preguntas con las que deshojaba el aluminio que envolvía mis bombones…

A medida que crecía, fui encontrando algunas respuestas, muchas de las cuales desbancaban esas terribles historias que demonizaban este alimento. Y ha sido el deporte el que ha metido definitivamente al chocolate en mi despensa.

Tanto si necesitas justificar ese pequeño gusto que te das cada día, como si necesitas razones científicas para incluir más chocolate en tu dieta, aquí hay SEIS (6) que tal vez te puedan interesar.


Para una mujer deportista, el único chocolate que interesa es el negro. A partir de 72% de cacao y sabiendo que su calidad nutricional aumenta conforme lo hace este porcentaje. Es cuestión de educar el paladar pasar del chocolate con leche (que no es más que una golosina), al chocolate negro:  verdadero alimento que no debería faltar en la alimentación de ningún deportista.

Como mis mejores entrenamientos suelen ser a primera hora de la mañana, antes de desayunar como dios manda, el chocolate es mi alimento fetiche. Junto a un café y un zumo de naranja, sigo mi ritual de hidratación y estimulación física y química antes de salir por la puerta de casa.

¡El chocolate no sólo es bueno para ti, sino que puedes hacer felices a otros también!

8 de noviembre de 2010

Así fue el KV Puig Campana 2010...

Una carrera bonita gracias a que la meteorología acompañó ese día y a un trabajo de parte de la organización que hace parecer fácil lo que no es.
Los tiempos para acabarla oscilan entre los 45 min de algunas ediciones hasta la hora y media. En cualquier caso, dentro de las carreras de montaña, los Kilómetros Verticales, aun con lo explosivo del esfuerzo exigido, son carreras cortas que no se prolongan demasiado. Son ideales para probar tu potencia y darlo todo en poco tiempo.
Un solo puesto de avituallamiento líquido a mitad del trayecto de subida es suficiente para aplacar la sed y rehidratarse antes de alcanzar la cumbre incluso en un día tan benigno (hasta caluroso) como el de este año.

Si quieres ir ligera y buscas la eficiencia máxima, no hace falta ni siquiera llevar a la cintura un botellín. En la cumbre (y meta final del tramo cronometrado) se encuentra el segundo puesto de avituallamiento líquido (más alguna barrita de cereales).
Hay bastante sombra en el tramo de subida, a diferencia del camino de bajada (y fuera de competición) que es muy soleado (no sobra el protector solar aplicado) y donde hay un tercer y último puesto de avituallamiento líquido-sólido muy bien abastecido.
La señalización del recorrido es inmejorable. La senda marcada por la organización con cintas blancas no se pierde en ningún momento. Se indican también con un letrero cada 100 m de desnivel. La parte más difícil del recorrido tal vez sea lo que se conoce como el Carreró, no sólo por lo empinado sino por las piedras sueltas que harán que más de alguna vez derrapes.
Reconforta saber que después de la subida, los últimos 200 m de desnivel muestran bastante más clemencia con los corredores. Es toda una experiencia correr los últimos 600 m hasta la meta. El terreno lo permite perfectamente; además, los senderistas llegados antes y miembros de la organización disponen de una buena panorámica para observarte estos últimos metros y ellos y tus propias piernas después de la dura subida te animarán a soltarte y coger un poco de velocidad hasta el final.
video
Es una carrera donde los guantes (con los dedos descubierto y apliques antiadherentes en las palmas, como los de los ciclistas) se vuelven indispensables a la hora de afrontar mejor los eventuales contactos con las piedras y ramas en los que tocará apoyar las manos durante los tramos más empinados de la subida. Como no hay demasiada vegetación que pueda arañarnos las piernas, con mallas cortas se corre cómodamente.

Ya en el pueblo de Finestrat, se recoge la bolsa del corredor, con camiseta de algodón conmemorativa del evento y calcetines técnicos. No estaría mal que se tuviera en cuenta que muchas de las correderas necesitaremos la talla pequeña.
Hay duchas con agua caliente y una comida abundante y variada atendida por un diligente personal de catering.
La 4ª edición se celebrará el 5 de noviembre de 2011. El período de inscripción suele abrirse a finales de septiembre hasta finales de octubre, pero no lo dejes para último momento ya que la participación está limitada a 350 participantes.
Si va a ser tu primera vez:
Dado que los que no son corredores también pueden disfrutar del bonito recorrido que se hace por esta montaña gracias a que existe la modalidad de participar como senderista, anima a quien quieras que te acompañe a que la haga andando y que te espere en la cima. No sólo te dará ánimos en el tramo final de la carrera, sino que podrá subirte ropa seca o algún cortavientos y luego emprender juntos la bajando caminando o a trote ligero.

5 de noviembre de 2010

Inmensa Marta

¡Marta Domínguez está embarazada!

Promete volver para las Olimpíadas de 2012.

Nuestros mejores deseos en esta nueva etapa de su vida.

3 de noviembre de 2010

¡Derecha esa espalda!


No suele ser normal pero sí frecuente ver entre algunos corredores con los “hombros cargados”.  Lo he venido notando últimamente, en esos minutos previos a una carrera en que estamos todos congregados en la línea de salida y una forma de pasar el (breve pero eterno) tiempo antes del disparo de arranque es observar a tus compañeros.  He de decir que en los chicos, sobre todo si son muy delgados, esto se nota bastante más, ya que ellos no tienen en el pecho lo que a nosotras nos ayuda a compensar visualmente la silueta.  Por explicarme mejor:  es como si tuvieran el pecho “hundido”.  

Pues bien, investigando un poco sobre el tema, he podido confirmar que no se trata de una mera impresión mía.  Este síndrome existe, es real y es el resultado de adoptar progresivamente la mala postura de girar hacia adentro los hombros.  Y tan cierto como eso lo es que se puede prevenir y corregir en gran medida.  Como no creo en la hipnosis ni en la homeopatía, propongo algunos ejercicios sencillos para incorporar a tu rutina diaria  o para realizar en los días que descanses de correr.  Son sólo cinco, para que tengas para elegir en función de tu tiempo libre y material para trabajar del que dispongas.

Si quieres saber un poco más, lee el siguiente artículo de AtalantasWeb.


23 de octubre de 2010

Lo barato sale caro

Si llevas un rato en esto, ya te habrás dado cuenta de que aquello que tanto dicen, “correr es el deporte más barato que hay”, no es “frecuentemente cierto”.  Con la mejor intención, mil veces te habrán asegurado que, con una mínima inversión, generalmente en calzado, ya estarías lista para salir teniendo delante miles de kilómetros esperándote, a diferencia de otros deportes que requieren pelotas, raquetas, elementos de apoyo y protectores corporales, así como sus respectivos porta-pelotas, transporta-raquetas, guarda-apoyos y protege-protectores…  ¡!

Y a pesar de que en esta comparación correr pueda parecer elemental y natural (¡y lo es, pero con matices!) el nuestro no es un deporte económico una vez que se cruza el umbral de tomarse los entrenamientos con un poco más de rigor.  Y ese umbral se traspasa cuando decides prepararte para alguna carrera señalada o simplemente para seguir sintiendo ese punto de esfuerzo que nos hace sentir que nos movemos.  Es entonces cuando necesitarás algo más que una “mínima inversión”.  

Hay una lista extensa de indumentaria, accesorios y servicios profesionales que pueden hacer nuestra vida como corredoras mucho más agradable, fácil y hasta estéticamente favorecedora.  Hoy quisiera hacer hincapié en uno en el que, a mi juicio, no conviene escatimar dinero.  Por supuesto que un ahorro es bueno y de agradecer, excepto cuando merme en la calidad del producto adquirido o nos prive de unos beneficios que no siempre son ponderables económicamente.



Zapatillas para correr:  tus aliadas, tus cómplices… en definitiva, tus mejores amigas en los rodajes y en las competiciones.  Son la compra más importante de una corredora, así como la más personal:  sabrás que tienes el calzado ideal cuando estés corriendo y no tengas que acordarte de él mientras lo estés usando.

Si por ahorrarte un dinerillo decides adquirir un par de zapatillas de inferior calidad, puedes acabar pagando con creces la cantidad inicialmente ahorrada.  Lo mismo sucede si alargas en exceso su vida útil.  Inicialmente los defectos no son fáciles de detectar, pues cuando son nuevas las zapatillas rinden casi tan bien como un modelo de gama superior.  Peligro:  atribuirás fallos e incomodidades a la falta de costumbre y por adaptarte a ellos incurrirás en malas posturas y hábitos que pueden perjudicar la salud de tus pies, caderas, espalda…  Cuando las propiedades mecánicas de unas zapatillas baratas o demasiado usadas hayan dado de sí todo lo que podían dar, tus pies se sentirán tan cómodos dentro de una horma conocida que no querrás cambiarlos.  Por eso más vale prevenir.

Aunque se te trencen las tripas o se te tense la mandíbula a la hora de pagar, procura comprar un calzado de marcas de prestigio.  Como guía, un buen par te costará por encima de los 100€ y pagar mucho más de este precio no mejora significativamente sus propiedades mecánicas, lo contrario de lo que sucede cuando el precio baja de esta cifra.  Lee comparativas técnicas en revistas especializadas (aunque debes estar atenta para distinguir entre la publicidad que sustenta a la revista y las verdaderas comparativas técnicas).  Hay mil modelos disponibles en el mercado, lo cual puede dificultar bastante nuestra elección, ya que podemos sentirnos abrumadas ante la avalancha de oferta.  Por eso no dudes en preguntar a otras corredoras por sus experiencias con el modelo que usan.  Verás que al final no hay tantos como parece y que muchas Atalantas han hecho populares unos pocos modelos solamente.    

¿Cómo ahorrarte dinero de otra forma y de una forma más inteligente?  

Compra segura de lo que quieres y necesitas.  Muchas tiendas de deporte ofrecen gratuitamente un análisis de pisada por ordenador.  Esto ya te hace ganar mucho, pues tendrás la tranquilidad de estar haciendo una buena inversión en un artículo que luego no tendrás que abandonar por inservible.  

Es importante que sepas cuantificar y cualificar los kilómetros que haces a la semana, así como el tipo de superficie por la que entrenas.  Esta información es clave para saber si necesitas elementos adicionales que te aporten sujeción, estabilidad, o más amortiguación de la pisada.  Ten en cuenta que si eres una corredora polivalente, probablemente necesitarás un par específico para cada tipo de modalidad.  Lo siento, pero es así.  No existe la zapatilla que valga igual para correr por el parque cerca de tu casa que para bajar y subir fuertes pendientes entre piedras sueltas.

Si crees que has hecho una buena compra, asegúrate de saber nombrar a tus zapatillas por su nombre y apellido por si quieres volver a repetir el mismo modelo.  Como las siglas y nombres comerciales no se me quedan en la cabeza, cuando toca renovar me llevo el par viejo y pido que me den las mismas… 

Intenta comprar en la misma tienda.  Prefiere las pequeñas y especializadas a las grandes y genéricas.  Así no sólo favoreces a los comerciantes más pequeños, sino que con el tiempo te llegarán a conocer y podrán hacerte un descuento adicional por ser cliente fija.  

No tienes que comprarte el último modelo que haya sacado tu marca de confianza.  Generalmente en las tiendas siempre quedan pares de la temporada anterior que son tan válidos como las últimas incorporaciones al catálogo y que por lo regular tienen un precio inferior por estar menos solicitadas.  En un año, lo que sale a relucir más es el trabajo de Marketing del fabricante antes que sus conclusiones en I+D.

Y por último, cuida de ellas para que te duren en las mejores condiciones.  A pesar de lo que recomiendan por ahí y para el tiempo que me duran las zapatillas antes de que me toque renovarlas, yo no soy ni de lavadoras ni de secadoras.  Después de cada uso, dejo que se ventilen naturalmente sin que jamás les dé el sol directo (calor y goma no son buenos amigos).  Y si están un poco sucias tampoco pasa nada; encuentro un poco de disfrute en que se note a simple vista qué tan lejos he llegado con ellas…  

Mi trucoconserva la caja original del embalaje.  Anota en ella la fecha de la compra y prométete revisar tus zapatillas dentro de un año.  Si has sido buena, seguramente entonces sea tiempo de escribirle una carta a los Reyes Magos…

10 de septiembre de 2010

Tiene que salir de dentro

Siendo éste un blog joven, me gustaría dejar sentado desde sus inicios que ni tanto él ni como el resto de contenidos de AtalantasWeb tienen una intención proselitista.  
Tengo la convicción de que no se puede (ni debe) insistirle a nadie para que empiece a correr.  Por supuesto que me encantaría que las calles y caminos se llenaran de “colegas”, ¡sobre todo de mujeres!, pero soy consciente de que no es un deporte afín cualquier tipo de personalidad (aunque sí apto y recomendable para todas las personas).  Correr con regularidad requiere un mínimo de disciplina y de sacrificio que sólo compensan si existe un deseo genuino de hacerlo.  Si correr por placer ya cuesta algunas veces (sobre todo los primeros diez minutos), malo es hacerlo con poca disposición o por los motivos equivocados.
Hace algún tiempo, un corredor amateur que me contaba su rutina de entrenamiento, para al final añadir que “correr no le gustaba nada”.  Aun hoy sin palabras para describir mi asombro, quiero pensar que casos como este hay (porque de todo tiene que haber) uno en un millón.  ¡Y es que sobran deportes entre los que elegir el que más se adecúe a las circunstancias y carácter propios!
Disciplina y sacrificio:  el inicio del camino que nos llevará a disfrutar.  Ya sé que con esto no aliento a nadie que quiera iniciarse, pero no sé de otra forma…  Intentar animar a otros a correr puede ser un acto cargado de buenas intenciones, pero casi siempre inútil y desagradecido.  Sólo cabe esperar que todo lo bueno que nos aporta la carrera se note y sirva de incentivo a que otras personas se animen a probar. 

8 de septiembre de 2010

"De qué hablo cuando hablo de correr". De Haruki Murakami


El nombre de este libro no pasa desapercibido a ningún corredor.  Con la intuición de toparme ante una temática que me sería familiar pero también con la prevención de que se tratase de esos títulos caprichosos que no tienen nada que ver con el contenido, tomo un ejemplar...  ¡Una ojeada al azar por sus páginas centrales me convence de que debo continuar en casa con su lectura!
Lamento decir que no conocía a Haruki Murakami.  Me era desconocido tanto como autor de las novelas que le han dado tanto éxito internacional, como corredor aficionado (faceta que se toma muy en serio).  Por lo tanto, sin ningún prejuicio abordo la lectura de este diario escrito intermitentemente y de forma bastante relajada. 
Sólo nueve entradas fechadas tienen estas memorias del Murakami corredor. La idea de este libro nació diez años antes de comenzarlo y fue escrito finalmente entre el verano de 2005 y el otoño de 2006.  En él, Murakami plasma una serie de ideas principales relacionadas con el hecho de correr y en un segundo plano analiza cómo influyen y complementan al Murakami escritor.  Una lectura sólo para agente afín, supongo.  Me refiero a corredores varios, a admiradores incondicionales de este escritor o a quienes reúnan ambas características.
Siempre sin entrar en detalles demasiado íntimos (se agradece que sea el tipo de autor que no expone su vida a las masas ni pretende erigirse en ejemplo de nada), Murakami relata las circunstancias que forjaron su primera novela, sus comienzos como corredor, su primer maratón… hasta que las carreras de fondo llegaron a convertirse en parte de su ciclo vital.
Como si de una charla tranquila entre amigos se tratara (puesto que el autor se confiesa poco hábil en las relaciones sociales), se nota que disfruta cuando relata y contabiliza sus entrenamientos en Hawai, Tokio y Massachusetts, así como algunas de sus “hazañas” personales en maratones y competiciones de triatlón en distintos países. 
No es una narración con un alto sentido de lo lírico, no hay lecciones de filosofía, pocas metáforas y casi ninguna moraleja intencional.  El lenguaje utilizado es asombrosamente llano, aunque hay que tener en cuenta que fue escrito en japonés y que leemos, por ende, el trabajo del traductor.  Pero, insisto, las ideas son sencillas y fuertemente arraigadas a la realidad de su autor.  Y es por esto que sus páginas están llenas de sensaciones...  Es fácil reconocerse en las descripciones de descargas de adrenalina, calor, sudor, sed o frío; a veces dolor, rabia y descontento.  Además, en alguna época de su vida Murakami tuvo que hacerle frente al hastío de correr, afección no poco común en fondistas de larga trayectoria.  En fin, todo eso que uno siente cuando está corriendo, los mantras que nos repetimos cada vez que rebasamos un kilómetro, esas carreras que se ganan más con lo psicológico que con lo físico, el conocerse a sí mismo tan bien interiormente a pesar de que el cuerpo se niegue a responder…  Todo eso lo cuenta Murakami.  Y es así como se le lee:  reconociéndonos en cada página. 
En “De qué hablo cuando hablo de correr” los lectores tendrán delante al tipo de hombre que todo corredor lleva dentro.  Alguien que sufre, que lucha por superarse y a quien ilusiona correr.  Un hombre que, tras más de veinte años dedicados a las carreras de fondo, no puede menos que notar en sí mismo los efectos del paso del tiempo.  Para Murakami se trata de un hecho tan poco deseable como inexorable.   Pero la decadencia física solamente tendrá la importancia que cada uno quiera darle… 
El autor, en un desacostumbrado ejercicio, crea un libro en el que se tiene a sí mismo como protagonista, con la salvedad esta vez de que no puede alterar los resultados.  Lo que está escrito aquí no es ficción.  Pero tampoco somos títeres de la voluntad de un dios que escribe con su pluma el final de las carreras.  Nos queda un resquicio:  y es que, como corredores (Murakami lo descubrió escribiendo estas memorias), tenemos la opción de decir la última palabra.
Título original:  Hashiru koto ni tsuite kataru toki ni boku no kataru koto
Autor:  Haruki Murakami
Traducción del japonés:  Francisco Barberán
Editorial:  Tusquets Editores.  Colección Andanzas
5ª edición:  junio de 2010
ISBN:  978-84-8383-230-1
230 páginas + 8 páginas de fotografías en color
PVPaproximado 17€
 

27 de agosto de 2010

La rentrée* o vuelta al cole


Agosto está acabando… Para muchos corredores, este es EL mes ideal para entrenar sin restricciones, gracias a las muchas horas de luz de que disfrutamos en verano.  Agosto es el mes para correr en otras ciudades, en otros países, junto a la playa o sorteando piedras milenarias en montañas lejanas…  Es cuando la piel queda expuesta y se puede presumir de bronceado y mostrar esos músculos definidos (quien los tenga) y honestamente ganados el año anterior.
Para mí, no obstante, el agosto del 2010, con sus dos “o” inmensas, redondas y pesadas como dos soles me hacen desear que acabe pronto este infernal calor y comience septiembre cuanto antes. 
En Europa y Norteamérica, el nuevo curso escolar se inicia con los primeros días del noveno mes.  Es un vestigio de épocas ya pasadas en que estos países vivían principalmente de la agricultura y los meses de recogida del grano se llevaban a cabo en los meses de estío, con la colaboración de todos los miembros de la familia, incluidos los más jóvenes.  Para las que ya no estamos en la escuela ni hemos empleado nunca una hoz, el fin del verano tiene, sin embargo, algo de catártico.  Sin duda, se trata de algo más psicológico que biológico, pero cuando vea caer la hoja 31 de este mes en mi calendario mudaré la piel y dejaré atrás todo lo que ya no me aporta nada.  Asomarán los nuevos tejidos ansiosos por experimentar, cuando menos, temperaturas más moderadas. (Estos días, estamos teniendo máximas de 41ºC-43ºC en ciudades de Levante).
Septiembre es un mes delicioso en España.  El primero de los varios que siguen con terminación “–iembre”, será un alivio disfrutar de las tardes sin escuchar a las incombustibles cigarras.  ¡Qué divertido desafío levantar la vista hacia las caprichosas nubes, tratando de adivinar si debo sacar el chubasquero ante una probable lluvia, que será, en cualquier caso, un rocío delicado!  Correré en medio de vides con hojas de color rojizo, cargadas ya del precioso fruto que honradas manos arrancarán para entregármelo el próximo año embotellado.  Poco a poco, tendré que despedirme de las camadas de conejos y liebres que esta primavera y verano me han sorprendido por decenas en los caminos.  Quizás tarde un año en volver a encontrar a ese zorro (y que tal vez sea hembra) que corría monte arriba y se ocultaba entre la carrasca a mi paso.
Septiembre trae el fin del verano y el principio de muchas carreras en las que participar desde ahora hasta la primavera.  Iré dando cuenta de algunas de ellas puntualmente.

*La rentrée (scolaire) es el término en francés para designar ese período que altera la vida de millones de familias.  Mientras los estudiantes se preparan para iniciar un nuevo curso escolar con renovadas energías e ilusiones, los adultos intentan recomponer el espíritu ante el hecho de volver al trabajo tras las vacaciones y hacerle frente al importante gasto de material escolar para sus hijos.

3 de agosto de 2010

¿Tú corres y él no?


No son pocas las parejas que se encuentran en la situación de que es ella quien corre y no él.  Hasta ahora, en nuestras sociedades, lo usual ha sido que la mujer se inicie en el deporte  de la mano de una figura paterna o de su pareja sentimental.  Pero las cosas están cambiando…  

Si este es tu caso, tal vez se deba a que probablemente ya corrías cuando conociste a tu chico.  O quizá empezasteis juntos a ejercitaros y sólo tú has persistido.   En vano has intentado convencerle para entrenar pero… correr no es lo suyo.   Y a partir de ahí han surgido algunas diferencias entre vosotros debido a que tú necesitas salir a correr en tu tiempo libre (que él reclama) y al mismo tiempo no quieres descuidar tu relación.  Pues bien, una vez que te hayas hecho a la idea de tendrás que correr sola o en compañía de otros que no son él, el panorama no tiene por qué ser malo del todo.  Incluso puede tener sus ventajas...  Como pareja, no os hará mal contar con parcelas de actividades separadas.  

Entonces, ¿qué hacer si no podéis compartir las horas de entrenamiento y el trabajo, los estudios, la casa, la familia, etc. se llevan el resto de tu tiempo libre?

Propongo algunas ideas para que ser una Atalanta no tenga consecuencias negativas en tu relación:
  • ¡No renuncies a tus entrenamientos!  Intenta encajarlos en esas horas del día en que inevitablemente tengáis que estar separados.  Mientras él practica otro deporte, sale con sus amigos o atiende compromisos regulares de trabajo o estudios, tú puedes aprovechar sobradamente dos horas al día cuatro a seis veces por semana para cumplir con el plan de entrenamiento que te has propuesto.  Otra opción es madrugar un poco y levantarte antes.  Eso sí, sé discreta con la alarma del despertador para no perturbar su sueño.

  • Comparte con él tus distintas sensaciones al correr.  No todos los días son iguales y que cada salida te aporta sensaciones nuevas.  Unas veces correrás con más energía; otras llegarás a casa extenuada o, por el contrario, eufórica.  Cuéntale el paisaje que has visto, las personas o animales que te has encontrado en tu recorrido…  Creo que queda claro que la palabra clave es comunicación.

  • Si acostumbras entrenar por algún paraje especialmente bonito en parques o montes, de vez en cuando invítale a dar un paseo contigo.  ¡Caminando y sin cronómetro!  Ganarás por todos lados:  caminar es un ejercicio estupendo que complementará tu entrenamiento.  Percibirás el mismo paisaje con otros ojos, reparando en detalles que cuando corremos nos pasan por alto.  Incluso te servirá para investigar nuevos recorridos.  Si el sueles salir fuera del casco urbano de tu ciudad, es muy aconsejable que él conozca los parajes por los que te mueves por si alguna vez necesitas ayuda ante algún contratiempo.  
  •  Cuando llegues a casa, quítate la ropa sudada y dúchate lo antes posible.  Las mallas ajustadas te quedan divinas, pero el preferirá siempre hundir su cara en tu cuello cuando te pones su perfume favorito.  Cuidar los detalles es importante.
  • Sé ordenada con tus accesorios de correr.  No invadas su espacio o las zonas comunes con tus zapatillas, gorras, guantes, bolsos, mochilas…  Simplemente, no.
  • ¡Hazle partícipe!  Si no puede ser tu liebre, involúcrale para que sea tu “asesor” de estilo.  Obviamente, tú chico tiene un gusto excelente; por algo te ha elegido a ti.  Pídele consejo a la hora de elegir tu atuendo deportivo, combinar accesorios, colores, etc.  Él te dará una visión más real de la que pueda darte el espejo o el vendedor de la tienda que querrá que te lo lleves todo.  Sin embargo,  en la elección de tus zapatillas, el único criterio que importa es el tuyo.
  • Si sueles asistir a competiciones, él puede ser de grandísima ayuda.  Posiblemente, no tener nada que hacer le hará sentir desubicado o fuera de lugar.  En cambio, si tiene una función que hacer, seguramente se sentirá menos intimidado entre tantos desconocidos y disfrutará más del ambiente que suele haber en las carreras.  Podrá encargarse de tus desplazamientos en coche y encontrar con más acierto una plaza de aparcamiento mientras tú te bajas del vehículo y ganas tiempo para hacer tus calentamientos y concentrarte.  También puedes pedirle que custodie tus pertenencias, que se ocupe de recoger tu dorsal y hasta de fijártelo en la camiseta (lo mismo para con el chip en  la zapatilla).  No olvides luego dedicarle una gran sonrisa en las fotografías que te haga en las líneas de salida y la de meta.  Para él, no habrá corredora más guapa que tú.  Y él estará encantado de que después le vean contigo tomados de la mano.

¡Suerte, Atalantas!