8 de agosto de 2011

Dejar recado a la portera


Una mueca se dibujó en su cara al consultar el cronómetro.   01:38:50 hasta el portal.  En cuatro minutos el ascensor empezaría su actividad.  En su cuello, el pulso acelerado revelaba que el último kilómetro había sido cuesta arriba.  Tres minutos para ducharse.  Imposible.  Optó por ponerse encima la bata beige y se dejó puestas las zapatillas buenas, las de pronadora.  Bayeta en mano, empezó a frotar la barandilla.  El ascensor.  Buen día, Don Camilo.  El anciano gruñó, falto de la primera copa de anís de la mañana.  Buenosss díasss, Inéssss, dijo el policía del 2º poco después.  Con gafas de sol ya a las 6:30, bañado en colonia y con los pantalones del uniforme ajustados, el agente Cabrera estaba convencido de que era irresistible.  Agente, contestó Irene, resignada a que el nombre de la portera no fuera digno de retener.  Los demás tardarían media hora en bajar.  Una pausa que le permitiría cambiarse.   Lo último en quitarse fue la raída camiseta del Maratón de París del ’96 que le regaló el del 4º, ahora un obeso.   Bajo la ducha, el agua despertó los rasguños recientes.  La vieja de esta mañana, aunque toda huesos, había sido una de esas que no entiende que a esa edad no vale la pena aferrarse tanto a la vida.  Tuvo que apretar la cuerda con todas sus fuerzas hasta que la anciana dejó patalear.  Ciega de placer, sólo al final Irene vio el brillo de sus propios ojos reflejados en las pupilas ajenas ya sin vida.  Mañana también saldría, pero con la idea de seguir un entrenamiento para mejorar la velocidad.  Cada vez tenía que desplazarse por calles más lejanas y luego llegaba con el tiempo justo para empezar su turno.  No debía seguir arriésgándose, pero una hija siempre debe buscar a su madre.


31 de julio de 2011

Diane Van Deren sabe lo que es sufrir



Diane Van Deren  vive en el sur de Denver, a los pies de las montañas Rocosas.  Y para decirlo ya desde el principio:  es una de las mejores ultra-maratonistas (ultra-runner) del mundo.

Ateniéndonos a la definición, un ultramaratón o ultra-trail es cualquier carrera que supera la distancia maratón (42.195 m).  Aunque todos sabemos que en la práctica equivale a correr distancias mucho mayores, de forma continuada, a veces durante las 24 horas del día, sin apenas dormir....  Las favoritas de Diane son a partir de los 160 km (100 millas).

Pero esto es así desde hace relativamente poco.  En realidad, esta atalanta había dedicado su juventud y su trayectoria deportiva al tenis profesional, con el que se ganaba la vida hasta que lo abandonó para ser madre y formar una familia numerosa.  No fue sino hasta mucho más tarde que sufrió una reconversión vital que ha hecho de ella la atleta extraordinaria que es desde hace unos años hasta hoy, en que cuenta ya con 51 años de edad.

Viajemos atrás en el tiempo.  Año 1988.  Con 28 años, Diane está casada, tiene dos hijos y está embarazada del tercero.  Un día, viajando en el coche con su madre, algo raro le sucedió.  Breve.  Rápido.  Como un rayo.  El primero de muchos que vendrían después.  Sólo recuerda despertar en un hospital, confundida, sin saber cómo ni por qué había llegado allí.  El Dr. Mark Spitz (personaje clave en la desarrollo posterior de la evolución de Diane), neurocirujano y profesor de neurología en la Universidad de Colorado, ordena que le hagan unas pruebas de resonancia magnética por las que le diagnostican finalmente  epilepsia.

Epilepsia, ¿cómo?, ¿por qué?, ¿de dónde?  Resulta que siendo apenas un bebé, Diane sufrió un episodio muy grave de fiebres altas, acompañadas de temblores y convulsiones durante casi una hora.  Seguramente estas convulsiones le produjeron daños cerebrales de los que Diane no fue consciente hasta que, más de dos décadas después, las convulsiones se repitieron.

Los ataques epilépticos fueron ocurriendo cada vez con más frecuencia y Diane fue aprendiendo a reconocer ciertas señales que le avisaban que pronto iba a desatarse la crisis que la convertía en una muñeca de trapo agitada por la mano invisible de una deidad caprichosa.  Estas sensaciones (cierta torpeza, sensación de ingravidez, por ejemplo) son relativamente frecuentes entre quienes sufren de epilepsia y migraña.   Se les conoce como auras y aprender a reconocerlas puede significar contar con un par de minutos de ventaja en los que prepararse para el ataque y evitar caídas o accidentes mayores.

Ni los cambios en su alimentación ni los medicamentos más revolucionarios libraban a Diane de su mal.  Un día, tras un aura,  le dio por salir a correr por las montañas.  Y descubrió que en ellas se sentía relajada.  Los latidos de su corazón (descontrolados justo antes de las convulsiones) parecían encontrar paz...  Y lo mejor:  ¡el inminente ataque no se producía!  A partir de entonces las zapatillas  estarían junto a la puerta y si presentía las convulsiones, lo abandonaba todo por correr cerca de casa, en el Pike National Forest de las montañas Rocosas.  Había nacido el amor por correr...

Siguiendo esta estrategia, Diane evitó sufrir ataques de epilepsia durante casi diez años.  En ese tiempo, su fondo como corredora se iba incrementando.   Al principio corría durante un par de horas.  Luego tres, cinco, seis ...  ¡Funcionaba!  Cada kilómetro la alejaba de las convulsiones del pasado.  Pero finalmente la alcanzaron.  Y con furia desatada.  Entre tres y cinco ataques por semana, ahora sin previo aviso y por lo tanto sin tiempo siquiera a ponerse las zapatillas salvadoras.  De un segundo a otro, Diane ya no era Diane...  

Su enfermedad había condicionado algunas rutinas en casa.  Por ejemplo, en cuanto pudieron alcanzar los pedales del coche, sus hijos aprendieron a conducir, por si acaso Diane sufriera alguna crisis frente al volante.  El momento del baño era especialmente vigilado porque no se produjeran resbalones mortales en caso de un desvanecimiento.  Sí.  Diane debía temer seriamente por su vida

Por eso que cuando los médicos le propusieron una operación quirúrgica que podría mejorar su condición, Van Verden no se lo pensó dos veces.  Si los ataques provenían de una parte deteriorada concreta del cerebro, retirar esa parte podría ser la solución.  Había, pues, que determinar qué parte era esa.  Esto requería ir al hospital y tener un ataque de epilepsia frente al equipo médico liderado por el Dr. Spitz.  

Le pegaron 64 electrodos en su cuero cabelludo, de los cuales salían cables que llegaban hasta  una máquina de EEG (electroencefalograma) que medirían la actividad eléctrica de su cerebro.  Además, una cámara la filmaba las 24 horas del día.  Las imágenes grabadas muestran a Diane agitándose, agarrotada en mitad de un ataque.  Incluso se puede oír crujir la estructura de la cama.  Diane se muerde la lengua con tanta fuerza que la sangre que brota forma un charco de sangre  con el que se atraganta.  Unas imágenes horribles...  Tras verse, Diane lo tenía claro.  ¡A por ello!

Gracias a estas pruebas pudieron averiguar que los ataques provenían de una región pequeña y puntual, en la parte posterior del lóbulo temporal derecho,
una zona del cerebro relacionada con la memoria a corto plazo y la orientación espacial y temporal.

Le abrirían el cráneo con una sierra, dejando su cerebro expuesto para quitar el trozo afectado.  Ante este panorama, a un paciente se le ocurren mil dudas y preguntas.  El equipo médico sólo se plantea una:  ¿cuánto quitar?  Tendría que ser lo suficiente para curar pero teniendo en cuenta que mientras mayor fuera la extracción, los efectos secundarios entrañarían más complejidad y peligro.  Finalmente, se decidió retirar una masa cerebral del tamaño de un kiwi.  Resultado:   Diane no ha vuelto a tener ataques de epilepsia hasta la actualidad.

Una vez operada y tras un año sin convulsiones, un impulso la lleva a inscribirse en una carrera de 80 km (50 millas).  Y, adivinad qué:  ¡la gana!  A esa le sigue otra de 160 km (100 millas) en las montañas Big Horn (2003) en la que quedó sexta.  Sin embargo…

…Algo había cambiado.  De pronto empezó a olvidar recoger a los niños del colegio, citas, caras de personas y conversaciones recientes:  pérdidas de memoria a corto plazo

Mientras tanto:
1ª absoluta en las 50 millas (80 km) Alfred Packer (2004), 
2ª absoluta femenina en las 100 millas (160 km) de Bear Trail (2005)
7ª femenina absoluta en el UTMB  (2004),
1ª absoluta en las 100 millas de Tahoe Rim
1ª absoluta en las 24 horas de Frisco Trail Run,
1ª mujer en las 50 millas (80 km) de Dances with the dirt,  en Hell (lit. Infierno), Michigan,
1ª mujer en la Canadian Death Race, carrera de 78 millas (125 km) en la provincia de Alberta (Canadá),
por mencionar sólo unas cuantas. 

Por si esto fuera poco: 
en 2008, en las 300 millas (más de 480 km) del Yukon Arctic Ultra corre con  44 ºC bajo cero y arrastrando un trineo con su avituallamiento.  En prueba de dureza extrema en la que en diez días, apenas durmió diez horas en total.  Sólo dos personas la acabaron:  una de ellas, nuestra Diane.  

Y por increíble que parezca, Diane Van Deren es incapaz de orientarse en espacios abiertos.  Como consecuencia de la extracción de ese trozo de cerebro, los mapas sólo son un montón de líneas de colores sin orden ni concierto.  Por eso suele llevar una cinta rosa en sus carreras; cuando no está segura de qué camino elegir, ata la cinta al inicio de un camino elegido al azar  y continúa por él.  Si pasado un tiempo presiente que se ha equivocado, vuelve sobre sus pasos hasta hallar la cinta y lo intenta por otro distinto.  Esto le sucedió en la Yukon Arctic Ultra, donde estuvo perdida durante dos horas, sola, en mitad de fuertes rachas de viento.  Y aún así ganó.

Además de su desorientación espacial, como consecuencia de la operación Diane no nota pasar el tiempo.  Su cerebro tampoco procesa referencias temporales y no guarda una información consciente de las horas o días que lleva participando en una carrera ultra.  Van Deren vive el momento.  Y corre.  Sus pies obedecen ciegamente el ritmo que se marca mentalmente.  Respiración y ritmo.  No necesita nada más.  Oír eso es su música, su flow.

En la actualidad, Diane ocupa su tiempo impartiendo charlas de motivación para la Epilepsy Foundation of America, the National Brain Injury Employment Conference y otras organizaciones.

Esto que hemos contado aquí y más, lo relata la propia Diane Van Deren en una maravillosa entrevista para el programa de la radio pública neoyorkina Radio Lab.  El audio está en inglés y recomendamos vivamente su audición.  Diane no sólo tiene una voz preciosa, sino que sabe comunicar como pocas.


18 de julio de 2011

“Xàtiva la nuit”


Ocurrió la noche del sábado16 de julio de 2011.  La I Cursa Nocturna de Muntanya de Xàtiva, se coló subrepticiamente en nuestras agendas un fin de semana cargado de eventos (la Volta al Terme Nocturna de Fondeguilla , el Isostar Desert Marathon, la Galarleiz ...).  En el muro de Facebook de AtalantasWeb  recibimos la invitación extraoficial varias semanas antes.  Lo de menos será correr, nos advirtieron.  E iba en serio...


A pesar de tantas citas convocadas, muchas caras amigas se dieron cita en Xàtiva, un pueblo que sorprende y atrae por la riqueza de su patrimonio cultural concentrado en un núcleo pequeño y que es el hogar de apenas 30.000 setabenses (Saetabis es el latín del topónimo ibero Saiti).  De esos 30.000, conocemos al menos tres (dos Albertos y una gran Cristina) que nos brindaron casa, amistad y la mejor compañía ese día.  Los mejores anfitriones que hubiéramos podido tener.




Lo primero que hay que decir sobre esta carrera nocturna es que soprendió.  Pocos,  m u y   p o c o s,  por no decir nadie, se esperaba lo que esa noche-madrugada aconteció.  Cuando hay tantas competiciones y con tanta afluencia de corredores a lo largo del año, las nuevas carreras que nacen deberían hacerlo (o eso esperamos los participantes) con la intención de hacerse fijas en el calendario e ir sumando números romanos a sus ediciones.  Para esto, la estrategia es distinguirse, tener personalidad propia...  La aventura que contamos aquí cumple este requisito.

¿Cómo describir, a quien no haya participado, esta carrera nocturna?  Técnicamente, son 30 km (no 28, como originalmente se anunció) y un desnivel positivo acumulado de 1.600 m.  El trazado es exigente y las noches de verano en Xàtiva son calurosas y húmedas.  La carrera empezó a las 22 hrs con 34 ºC y cinco horas después, bien entrada la madrugada, el termómetro de la Plaça del Mercat indicaba 28 ºC.  Si a esto le sumamos la nocturnidad y cierta dosis de alevosía del llamado régimen de semi-autosuficiencia, tenemos las condiciones de partida para vivir una noche sin igual.


Los organizadores, aficionados a la escalada que regentan una tienda (Yaincoa Sports) de montaña en Xàtiva, prepararon un recorrido que dejaría bien a las claras su gusto por la aventura.  Así es que, además de saber correr, otras cualidades serían necesarias...    La primera de todas:  las ganas de divertirse y saber reírse de una misma.  La segunda, estar preparada físicamente para hacer una buena carrera pero también para resolver las varias incidencias que pudieran surgir.  Una pista para esto último ya la daba la organización al exigir un material obligatorio para correr (que al final no revisaron) que incluía, como no puede ser de otra forma, un frontal, una manta térmica, un botiquín de primeros auxilios, un cortavientos impermeable, entre otros artículos.  

Presentación y advertencias hechas, hay que decir que esta ha sido ¡una de las carreras más divertidas que desde AtalantasWeb hemos contado!  Correr sin prisas, sin presión, con la mejor compañía animando en todo momento y bajo la suave luz de la lluna.  Fue una de esas noches en que los pies se ajustaban perfectamente sobre piedras, entre rocas y en medio de troncos y arbustos.  No valía la pena enfadarse con las ramas que como látigos nos golpeaban el rostro y desde arriba nos arrebatan buff y frontal entre sendas zigzagueantes.  

En varios tramos se dispusieron cuerdas para salvar las dificultades naturales del terreno.  No eran un elemento accesorio de seguridad, ni siquiera para reafirmar la propia confianza.  Simplemente, si no había cuerdas, no sobrevivías para contarlo.  :-)


Cuando, en un momento dado, la lógica te dice por ahí no se puede pasar, es hora de desprenderse de esa lógica de luces cortas y sustituirla por tus cuatro extremidades que, a gatas, te ayudarán a  traspasar, por ejemplo, el agujero improvisado en la valla de tela metálica que da acceso a una propiedad privada que se ha interpuesto en tu camino.  O cruzar un par de veces una carretera por túneles subterráneos donde no puedes correr erguida.  O trepar escalones faraónicos, con ayuda de otros, pues a menos que te empujen desde abajo o tiren de ti desde el escalón superior, otra forma de subirlos no se nos ocurre.  Y bajar... ¿hablamos de bajar?  Rapelando, la mayoría de las veces.   Sí, la verdad es que nos reímos y disfrutamos mucho.  Y después de haber sorteado muros, vallas y acequias, toca escalar por los hierros de una vía ferrata y luego atravesar un cañaveral, una trampa de juncos derribados para la ocasión antes de llegar al río.  


¡El río, esa joyita que, quien más, quien menos, todos esperábamos!  El Albaida, que lleva bastante agua (en el primer cruce, nos llegaba hasta las ingles), se atraviesa en tres ocasiones.  La estrategia empleada en esa ocasión y que desaconsejamos por completo es el cambio de calzado:  una pérdida de tiempo y una molestia innecesaria.  Mejor mojarse que romperse.  Más divertido también.

Una atalanta cruzando el río Albaida.

Proscrita la monotonía, esta carrera exigía grandes dosis de concentración para evitar más caídas y despistes de los inevitables.  Pocas zonas eran llanas y en los parajes más abiertos el terreno era bastante técnico y las grandes piedras eran una constante.  Se podía correr, definitivamente sí, porque somos todo-terreno, pero con cabecita...  

Mucha senda con encanto entre vegetación espesa de árboles, arbustos y salpicada de troncos caídos.  Algunos tramos fueron abiertos y limpiados ex profeso para que pudiéramos pasar nosotros.   En este punto, el trabajo de la organización es encomiable.  El recorrido del que son autores (y deberían firmarlo, si se pudiera) merece nota sobresaliente.  

Pero como en toda primera vez, las cosas no salen perfectas.  Y ambas partes involucradas, corredor y organizador, deberían hacer autoexamen y tomar medidas para la siguiente vez...

Empecemos por la inscripción.  15€ para corredores y 10 € para los que se apuntaran a la modalidad senderista, que también la había.  Aquí, la primera observación.  Si hubiéramos sido senderistas, nos habríamos sentido francamente estafados.  Un recorrido de 10 km (que en menos de dos horas lo acaba un niño), para llegar a meta y que, con el calor de la noche, se le niegue una cerveza (al niño y al adulto) porque son para los corredores.  O sea:  pagar una cuota de inscripción para dar un paseo en el que no hay ni un solo punto de avituallamiento, ni en ruta ni en meta.  Menos mal que al recoger el dorsal daban una aparatosa bolsa de corredor llena de:  un par de calcetines y gracias por participar.  Francamente, que los caminantes costeen a los corredores no nos parece justo.  Es un gesto abusivo y descortés.


Como descortés, por no decir irresponsable, es no esperar a que llegara el último de los participantes ni preocuparse por lo que pudiera haberle ocurrido.  A las 4 de la madrugada, es decir, seis horas después de iniciada la carrera, retiraron el tenderete de la Organización, desmontaron pancarta, retiraron mesas con avituallamiento en meta y dejaron, por su cuenta y riesgo, a varias decenas de corredores que, por diversas circunstancias, no pudieron acabar en el plazo que la Organización estimaba como suficiente.  Eso, señores, NO SE HACE.  Demos gracias todos que no ocurrió ningún hecho grave que lamentar.  Pero es fácil imaginar la desazón y el bajón que supone llegar después de tanto esfuerzo y encontrar que, simplemente, ya no cuentan contigo.  Toma tu par de calcetines y gracias por participar.

La señalización del recorrido fue bastante aceptable; no vamos a ponernos exquisitas.  Era de noche y obviamente las condiciones de visibilidad se ven mermadas.  Hay otras carreras que afortunadamente para muchos se señalizan impecablemente.  Cuestión de tiempo y capacidad humana, sin duda.  En esta de Xàtiva, la señalización con cintas plásticas y pequeños tubos reflectantes suspendidos de las ramas de los árboles, cumplían su misión la mayoría de las veces.  Ya hemos dicho que en esta carrera había que concentrarse y nos referíamos también a que en ciertos momentos tocaba buscar una esquiva indicación que luego aparecía un poco más allá para tranquilidad del que iba en cabeza de grupo.  

Sin embargo, no desorientarse y no tropezar queda descartado.  Cuando no tiene consecuencias graves, es parte del reto a superar.  La señalización de algunos desvíos debería ser claramente reforzada, así como una indicación de los kilómetros avanzados.  Con un cartel cada 5 km habría sobrado para orientar espacial y temporalmente al corredor foráneo.  No todos portan un GPS.  De hecho, en una carrera que se precia de ser tan primitiva y de poner al corredor (a veces demasiado domesticado) en contacto directo con el medio natural, no se le puede contestar que para no perderse debería emplear un GPS.  En primer lugar, el track estuvo a disposición apenas un par de días antes de la prueba.  Además, estas tecnologías están para confirmar y reforzar, pero nunca para sustituir la señalización.  ¿O en qué quedamos?  La autosuficiencia, cuando se nos explicó, iba en el sentido de los avituallamientos, exclusivamente.

Sí.  avituallamientos.  UNO  y en el km 20 (de 30 totales).  Semi-autosuficiencia, vale, lo sabíamos.  Antes, en el km 13, una fuente con un agua deliciosa.   Un tesoro líquido para refrescarse la cabeza y rellenar la bolsa de hidratación.  Ya en el km 20, a los primeros corredores se les dicen que queda poca agua.  ¿Cómo es posible?  Aún quedan muchos compañeros que vienen detrás...  Menos mal que hay una segunda fuente pública en el km 25 pero, por alguna razón, casi nadie la vio.  No estaba bien señalizada y muchos la pasamos de largo.  La hidratación es fundamental.  Es imperativo que en una futura edición se contemple la instalación de otra mesa con líquidos.  En el km 7, por ejemplo, que sumada a los otros tres puntos líquidos, debería ser suficiente para no pasar penurias en noches tan calurosas.  No es falta de previsión del corredor:  la mayoría de las bolsas de hidratación tienen un volumen de 1,5 lt de capacidad.  Eso no da autonomía para 30 km.

En fin, salvo un joven compañero de ruta que se estrenaba en las carreras de montaña esa noche ("¿¡Son todas así!?", nos preguntaba), me atrevería a decir que la Organización puede afirmar con orgullo que en su primera edición contaron con corredores de amplia experiencia y gran valía.  Veteranos sabios de la montaña y jóvenes con la fuerza para acabar lo que sea.  Sus opiniones bien merecen ser escuchadas y tenidas en cuenta para el próximo año que seguro que contará con una altísima participación.  El boca-oreja ya está empezando a funcionar y el entusiasmo es contagioso.  Sólo con que se mejoren algunos detalles logísticos y de cortesía, se tiene una carrera redonda.  Por lo demás, ofrecemos nuestros endebles cuerpos para que hagan con ellos lo que quieran.

Participación femenina19 atalantas entre 160 corredores.  Silvia Alós (der.) y María López (izq.) hicieron polvo los pronósticos que no auguraban un tiempo inferior a las 5 horas de carrera para muchos corredores.  El ganador en categoría masculina fue José Antonio Quilis Cuevas.  ¡Enhorabuena a todos! 



Fotos:  AtalantasWeb y Ana María C.

15 de julio de 2011

Calar Alto: el cielo de Almería


Se promocionaba como la media maratón a mayor altitud de España.   Efectivamente,  la salida y meta estaban ubicados a una altitud de 2.160 metros,  aunque luego el recorrido descendiera unos cientos de metros en desnivel de modo que sólo se corría sobre los 2.000 m unos 8 km en total.  

El escenario, de película:  el Observatorio Hispano-Alemán de Calar Alto, instalado en lo más alto de la Sierra de Los Filabres, al norte de la provincia de Almería.   Descubir que esta sierra está poblada de tantos árboles y habitada por ciervos enormes y jabalíes nada tímidos, fue una gran sorpresa ese día.

Telescopios del Observatorio Astronómico de Calar Alto.



Estos 21 kilómetros reunían a corredores fondistas y de montaña en casi igual proporción.  Un día soleado, sin notas metereológicas de relevancia para una corredora.    Allí estaban las inigualables Marujas Acelerás, los Correbirras murcianos, miembros de las Selecciones de Carreras por Montaña de Andalucía y Murcia, duatletas...  Amigos reencontrados de carreras tan recientes como Sierra Elvira, los 101 km de Ronda y otras.

 

Resultó ser un medio maratón que discurría casi todo por pista forestal.  Los cinco primeros kilómetros son de correr, correr y correr en suave pendiente descendente que, en esa parte del recorrido, levantaba tanto polvo que podía masticarse, literalmente.  La primera de las dos subidas, esta vez corta, empieza justo en el km 5 y es recompensada con un avituallamiento en lo alto.  Luego el perfil vuelve a hacerse corredor y durante un corto trayecto la pista se convierte en senda entre árboles y terreno desigual.   El penetrante olor a tomillo y manzanilla fueron una grata constante a lo largo de todo el recorrido.  

 





El corta-fuegos en el que salvar 500 m de desnivel se aborda en el km 18 y es ahí cuando el 19 tarda lo suyo en llegar.  Se cambian algunas posiciones a falta, apenas, de 3 km para llegar a meta.   Jadeos y respiraciones comprometidas intentan ser disimuladas con la sonrisa que nos pide un oportuno fotógrafo que quiere dejar plasmado nuestros esfuerzos con sus disparos.  El km 20 lo han puesto en China y a partir del 20,5 es asfalto.  Al final sí que ha hecho calor...  



 
La primera atalanta en cruzar la meta, fue Marta Gallego, por debajo con un tiempo de 1:54:36 ¡Magnífica, por debajo de las 2 horas!  Le siguieron Esther Arias y Encarni Martínez en un podio de primer nivel.
Noelia Camacho, integrante del equipo femenino que quedó 3º en el reciente Campeonato de Carreras por Montaña fue la cuarta fémina en cruzar la meta y le correspondió trofeo como 1ª Senior.  Ana Ramírez, por su parte, se alzó con el primer puesto en la categoría Master Femenino. ¡Enhorabuena a todas!

Marta Gallego (1ª, 1:54:36), Esther Arias (2ª) y Encarni Martínez (3ª).

























Lo mejor

Estar cerca del Observatorio de Calar Alto.  Lástima que no se pudiera visitar.  A lo largo del año tienen algunos días en los realizan jornadas de puertas abiertas, pero son destinadas sobre todos a grupos de colegios y durante los meses del curso escolar.


Algunos apuntes

Inscripción:  15 € la cuota general.  12 € para los Federados en Montaña, Atletismo o socios del club A qué atacamos.

Aparcamientos:  mejor llegar temprano.  Hay un par de zonas llanas donde caben una treintena de vehículos en cada una y el resto aparcan a un margen de la carretera asfaltada que sube hasta el Observatorio.
 
Entrega de dorsales:  Desde dos horas antes de la carrera.  Entrega de gorra y protector solar.  Varias colas ordenadas por apellidos, aunque con atascos.

Participantes:  Más de 600 participantes (aproximadamente 450 corredores, entre ellos 30 atalantas) y el resto senderistas.

Señalización:  no exhaustiva, pero suficiente al transcurrir principalmente por pista forestal y  haber pocos desvíos.  Balizado con cintas plásticas e indicaciones con carteles cada kilómetro

 

Avituallamientos:  3 líquido-sólidos.  Mejorable.  El agua y la isotónica estaban calientes y no había vasos servidos en la mesa.  Había que esperar a que te vertieran el líquido en el vaso o coger tú mismo una garrafa y servirte.  Sin duda, la falta de experiencia.  

Cronometraje:  con lector de código de barras en meta.

Bolsa del corredor:  Camiseta técnica manga corta.  Modelo único para ambos sexos y todas las tallas disponibles.  Agua y fruta.

Duchas / vestuarios:  en las inmediaciones de la salida no hay.  Monte y árboles de alrededor fueron muy visitados ese fin de semana.   En los alrededores de la meta había una manguera con la que resfrescarse y en Gérgal (a 24 km) se podían utilizar las duchas de la Piscina Municipal presentando el dorsal.

 

OTROS:  Un despliegue de servicios médicos para tratar incidencias que ya quisieran otras carreras que se tienen por más relevantes en el calendario de competiciones. 

ORGANIZACIÓN