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9 de marzo de 2011

Dentro de la botella (1 de 2)

Tomemos una botella cualquiera de una de las varias marcas de isotónica que se pueden encontrar en el supermercado.  En su etiquetado se puede apreciar que, salvo pocas diferencias, los ingredientes son, con pocas variaciones, estos:
Agua
 hidratos de carbono (sacarosa, jarabe de glucosa deshidratada, maltodextrina)
 regulador de la acidez: ácido cítrico, citrato de sodio
fosfato de calcio - carbonato de magnesio - cloruro de sodio - cloruro de potasio
antioxidante: ácido ascórbico
emulsionante: almidón modificado
estabilizante: goma de acacia, aceite vegetal de copra, aceite vegetal hidrogenado de soja aroma natural  - colorante: beta-caroteno - vitamina B1.

Desmenucemos este listado de ingredientes para intentar comprender qué nos aportan y poder comparar mejor entre productos aparentemente iguales.
Agua.  Bastante fácil, ¿no?  Conviene tener presente que en un hombre adulto, el agua representa entre un 60 % - 70 % de su peso corporal.  En una mujer, el porcentaje es algo menor debido a que nosotras tenemos en proporción más tejido adiposo y menos masa muscular que ellos.
Así que no subestimemos su importancia.  Sirve no sólo para regular la temperatura corporal y sustituir los líquidos perdidos por el sudor sino para ayudar a reponer y fijar nuestras reservas energéticas (que consisten en carbohidratos solubles en agua). 
En las isotónicas es el solvente para el resto de ingredientes que conforman la bebida.  Pero este elemento no lo es todo y “algo tendrá el agua cuando la bendicen”…
Hidratos de carbono.  Es el nombre genérico con que se denomina a las moléculas que utiliza nuestro organismo como fuente de energía.  Vemos nombres como sacarosa y jarabe de glucosa que cualquiera sabría identificar como “azúcar”.  Al menos esos dos; la maltodextrina se produce industrialmente desde hace relativamente poco… 
Ajustemos el microscopio y adentrémonos a nivel molecular…
Sacarosa.  Es un carbohidrato simple.  O más simple:  es  el azúcar de toda la vida; dulce y calórico, sin sorpresas para ti. 
Jarabe de glucosa.  Se trata de un sustituto que se viene utilizando últimamente en preparaciones industriales para reemplazar a la sacarosa, ya que es todavía más dulce que ésta (y más calórico también).  Nuestro metabolismo utiliza glucosa como fuente primaria e inmediata de energía.  ¿Y por qué aquí deshidratado?  Si bien el jarabe de glucosa en polvo tiene interesantes usos en tecnología alimentaria, en este caso todo parece indicar que el fabricante lo añade en esta textura porque comercializa también versión seca de isotónica (esos polvos que venden para que tú  misma los disuelvas).  Así le resultaría más conveniente adquirir de su proveedor un solo producto en mayor cantidad.
Maltodextrina.  A pesar de ser un carbohidrato complejo es de fácil digestión y rápida absorción, lo que lo hace ideal para consumirse durante el ejercicio y no horas antes como suele hacerse con otros carbohidratos complejos (la pasta, por ejemplo).  Por lo regular no es dulce, con lo que no llega a hacer la bebida más empalagosa de lo necesario.    
¿Por qué se mezclan tres tipos de carbohidratos?
Básicamente, tiene que ver con los mecanismos fisiológicos de absorción.  Lo verás más claro enseguida, pero debes saber que no todas las bebidas tienen tanta variedad.  Generalmente las más económicas y de marcas blancas sólo incluyen sacarosa (repetimos, azúcar de mesa). 
¿Cómo se absorbe la isotónica?
En general, cuanto antes se absorba la bebida que ingiramos, mejor se asimilan sus componentes y se evitan molestias e incidentes desagradables (como la tan temida y a veces ocurrente diarrea).  El líquido pasa del estómago al intestino delgado, donde son absorbidos los carbohidratos y éstos pasan a la sangre a través de la pared intestinal. 
Cada tipo de carbohidrato cuenta con un tipo de enzima específica para él que actúa en el intestino delgado.  Estas enzimas rompen y transportan el carbohidrato (otra vez:  a cada tipo le corresponde una enzima) a través de las paredes intestinales.  Si sólo hay de un tipo, los "transportadores" pueden llegar a saturarse.  Si se saturan, dejan de trabajar, con lo que el carbohidrato no se absorbería y permanecería en el intestino delgado o pasaría al intestino grueso, en cualquiera de los dos casos provocando problemas intestinales.
Hasta aquí, agua con azúcar (que no es poco)… Pero no hemos repuesto los electrolitos perdidos a través del sudor.  Es importante mantener un nivel adecuado de éstos y por eso 
vamos a desentrañar el resto de la jerga químico-industrial que lleva la etiqueta. 
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13 de enero de 2011

¿Sirven las bebidas energéticas e isotónicas?

Antes de que…
diré que la respuesta es “Sí, sirven”.

Afirmar lo contrario sería no sólo desconcertante para muchos corredores, que llevan años leyendo y predicando el Evangelio según Isostar (o la versión comercial que se prefiera), sino falso.  Sus propiedades y milagros cuentan con hordas de testigos cuyos doloridos músculos al borde de la extenuación se han visto de pronto reanimados (cual Lázaro) y han podido seguir un poco más, justo cuando creían que estaban cerca de alcanzar ¡el límite del cuerpo humano! (ni más ni menos).


Sin discutir, pues, el efecto de estas bebidas, cuestionémonos entonces el mecanismo.  ¿Cómo, de qué forma recibimos ese incremento de energía disponible?

Existe un par de interesantes estudios realizados por un equipo de fisiólogos de la Universidad de Birmingham, que han llevado a cabo una serie de pruebas con deportistas y cuyos resultados arrojan nuevas luces sobre algunos conceptos que hasta hace muy poco dábamos por descontado.

Experimento Nº 1.  Ciclistas.  Por delante (es un decir, las bicis eran estáticas) 40km.  A la mitad de ellos se les administró vía intravenosa una dosis bastante alta de glucosa (el equivalente a unas siete bebidas energéticas) mientras que al resto no.  Tras una hora de exigentes pruebas físicas, no se produjeron diferencias significativas en el rendimiento deportivo de ambos grupos.  Curioso, ¿no crees?

Este resultado parece sugerir que el factor que marca la diferencia no reside tanto en las células que conforman los tejidos de los músculos que trabajamos cuando practicamos algún deporte.  ¿Cuál es, pues, la clave para superar la fatiga muscular?  Porque es obvio que se nota una gran mejoría cuando, en mitad de un gran esfuerzo, bebemos unos apresurados sorbos de isotónica o nos llevamos a la boca una chocolatina.  Sin embargo, si lo pensamos un poco, el efecto recibido no es proporcional a esa pequeña cantidad de azúcares y minerales así ingerido.  Y en cualquier caso, ese efecto jamás sería tan inmediato.  Veamos un segundo experimento realizado por el mismo equipo de científicos.  Tal vez descubramos algunos hechos interesantes…

Experimento Nº 2.  Otra vez, ciclistas (siete hombres y dos mujeres) a los que se les pide que hagan una serie de pruebas de alta intensidad durante una hora.  Sin que ellos lo sepan, unos cuantos de ellos forma parte de un grupo (llamémosle A) al que se le proporciona una bebida energética (una solución de maltodextrina, componente habitual en las isotónicas comerciales que solemos comprar).  El resto (grupo B, esta vez) recibe una falsa bebida sin ninguna propiedad energética.  Importante:  todos los deportistas, de ambos grupos, creen que beben isotónica regular.  Y así se disponen a seguir las indicaciones de los científicos que los monitorizan.  Básicamente sólo hay una regla:  prohibido tragar.  Deben enjuagarse la boca durante 5 segundos con el refresco, escupirlo y continuar pedaleando.  Así continuamente durante una hora.  Teniendo en mente los resultados del primer experimento, ¿qué cabría esperar si comparamos el rendimiento deportivo del grupo A con el del grupo B?  Parece obvio, puesto que conocemos la trampa, que nadie debería mostrar una ventaja significativa puesto que nadie ha bebido realmente y por lo tanto ni una molécula de glucosa ha entrado a formar parte del metabolismo de estos ciclistas.

Por otra parte, jugando a ser suspicaces, cualquiera que haya oído hablar del efecto placebo, podría pensar que debido a éste, tanto el grupo A como el grupo B podrían obtener un rendimiento superior a sus respectivas medias.  ¿Con qué respuesta nos quedamos?

¡En realidad, sólo el grupo que se enjuagó la boca con la verdadera bebida energética mostró una mejoría notablemente superior a la del grupo B!  ¿Cómo puede ser esto, si no llegaron a tragar el revitalizador líquido?


Hasta aquí los hechos y los resultados.  A continuación, la teoría con la que trabajan los científicos.

Se trataría de que, en alguna parte de nuestro cerebro, existe un pequeño mecanismo que regula la cantidad de energía disponible para nuestros músculos ante un esfuerzo físico importante.  Cuando esta energía corre el riesgo de agotarse, este mecanismo cerebral, como si fuera un circuito electrónico, activa señales físicas de agotamiento que deberían, por lógica, hacernos descansar y reponer fuerzas.  Sin embargo, estas señales de alarma se activan de forma bastante conservadora al parecer, pues el dolor físico se estaría anunciando muchas veces de forma prematura.

La lengua (o alguna otra zona de la cavidad bucal), dispondría de algunos receptores de carbohidratos.  Estos, estimulados por la pequeña cantidad de azúcares durante el enjuague bucal, emiten de inmediato una señal al cerebro sobre las sensaciones que están recibiendo.  El cerebro se fía de estas primeras impresiones y ante la tranquilidad de que el organismo va a recibir refuerzos, se permite liberar algo más de carbohidratos de su reserva escondida.  Esta sensación de bienestar, alivio y mejoría sería muy similar a las endorfinas que nuestro cerebro produce naturalmente o tras la ingesta de algunas sustancias como el chocolate.

Estos receptores de carbohidratos en la boca no son un as sacado de la manga.  Se sabe desde hace tiempo que en algunas zonas de la superficie de nuestra lengua se detectan, entre otros, los sabores dulces.  ¿Una ventaja evolutiva para reconocer los alimentos que aportan más energía?  (¡Interesante!).

Sin embargo, no saquemos conclusiones precipitadas.  En realidad, la maltodextrina que se suministró no tiene un sabor dulce (es una fécula parcialmente hidrogenada que cuando se disuelve en agua es incolora e insípida).  Sin embargo, ¡los ratones sí que pueden distinguir específicamente la policosa, un polímero de glucosa cuyas féculas de almidón resultan ser de naturaleza muy similar a las de la maltodextrina!

Así es que antes de apresurarse a escupir a diestra y siniestra la isotónica, hay que tener en cuenta que este experimento no es definitivo.  Las conclusiones de esta primera fase reclaman más y mejores estudios, donde se descarten de forma más exhaustiva los posibles efectos placebos y se emplee una variedad más amplia de bebidas para comparar sus resultados.
 
El estudio publicado (en inglés), con las condiciones del experimento y las valoraciones de sus autores.