7 de mayo de 2014

VI Trail RAE de Otañes, Cantabria

Desde el mismo día que la hice el año pasado, sabía que volvería a la siguiente edición.  Esta es de esas carreras que enganchan, que tienen un je-ne-sais-quoi que te atrapa.  Y aunque desde este rincón murciano hasta Castro-Urdiales media un buen trecho, este año, con el puente del 1º de mayo, la ocasión era idónea para disfrutar de unos días espectaculares.

Castro Urdiales

Descubrir corriendo nuevos destinos es un placer, sólo superado por la felicidad de volver a los sitios queridos.  Había estado por última vez en Castro-Urdiales en febrero, a pocos días de esos terribles oleajes que azotaron la cornisa cantábrica.  Entonces no hubo ocasión de calzarse unas zapatillas.  Fue un viaje de trabajo y con el tiempo limitado.  Una mejor ocasión llegaría en mayo…




El plan era perfecto:  teníamos el hotel en la playa, mesa reservada para comer un cocido montañés en Mesón Chimbo y una visita a las cuevas de Altamira en Santillana del Mar.  Pero como las barras de pintxos en Castro no hay nada… Si alguna vez me pierdo, que me busquen allí.  Baretos pequeños a los que hay que entrar a codazos sólo para quedarse con cara de tonto ante la oferta de delicias que presentan en barra.  Más las que preparan al instante en cocina…  Es un querer y no poder…


Claustro románico de la Colegiata de Santillana del Mar


Lo que me lleva a la carrera.



Nuevos amigos.  Foto:  Rubén Fueyo

Para cualquiera que me conozca un poco, sabe que tengo afición por las palabras, en el sentido más técnico y científico posible.  Todos tenemos nuestras perversiones, así que no me juzguéis.  Por eso, RAE para mí ya NO es más la Real Academia Española, sino ese trail que aúna en su nombre las últimas letras de maR + tierrA + airE.  ¿Rebuscado?  A lo mejor no soy la única en buscarle las cosquillas a las palabras… 

Una que ya ha recorrido mundo en esto de las carreras y ha tenido oportunidad de ver algunas desde dentro, sabe que no todas las carreras son iguales.  ¿Cómo podrían serlo, siendo el género humano tan diverso?  La Trail RAE es su gente.  Es José Blas, su infatigable creador que hace seis ediciones soñó con hacer una carrera por montaña.  Son los voluntarios, gente local y generosa que no escatima horas ni trabajo con tal de que se quede todo bien hecho.  Y es una clase política, representadas aquí por el Ayuntamiento de Castro Urdiales y la Junta Vecinal de Otañes, que están a la altura de su pueblo.

Y también los corredores.  Ya he dicho que el año pasado también participé en esta carrera.  Pues bien, prueba de que “somos quienes somos” y no otros, es que otra vez y en las mismas cuestas me vuelvo a encontrar los compañeros de subidas y bajadas del año pasado.  Más algunas caras nuevas, venidas de Italia, de Inglaterra o de Burgos, que ha sido grato conocer.



Una carrera internacional, con corredores desde Italia.

¿Cómo es la Trail RAE?  Esta carrera hay que hacerla, no leerla.  Pero es verde y azul.  Su dureza no te quiebra sino que te hace más valiente.  Tiene barro, pero el río que cruzas te deja limpio.  Tiene cumbres abiertas en las que corres junto a caballos y luego hayedos con juegos de sombras.

¿“Cantabria infinita”?  Sin duda.  Porque aunque los 34 km acaban en meta y los días de vacaciones llegan a su fin, Castro-Urdiales y Otañes siempre estarán allí para quien quiera acercarse a conocerlos y recorrerlos.  



¡¡Tengo que volver a buscar las zapatillas!!

21 de noviembre de 2013

¿Qué tienen los kenianos que no tengas tú?


El pasado 17 de noviembre de 2013 se celebró el Maratón de Valencia.  Ese día se batió el récord en España en esta distancia.  2:07:14.  Es decir, nadie nunca en España ha corrido un maratón en menos tiempo.  El héroe de ese día:  Felix Kipkemoi Keny.  Para más señas diré que es keniano.


Keniano, keniata…  Ambas válidas, aunque se recomienda usar keniano.  Culpa de los periodistas, de cuando en los sesenta llegó al poder el líder Jomo Kenyatta.  Y de tanto “Presidente Kenyatta” por aquí, “Presidente Kenyatta” por allá, se quedó la idea de que se hacía referencia a la nacionalidad cuando en realidad le estaban llamando por su apellido.  Hace unas décadas también se llegó a hablar de keñano, que se acerca a la pronunciación original en suajili.  Pero es un término que no acabó de calar y ha caído en total desuso.

Decir keniata en maratón es sinónimo de marcas al alcance de muy pocos.  En toda la historia de Estados Unidos, únicamente 17 americanos ostentan una marca sub 2:10:00.  En España, oficialmente ninguno.  ¿Kenianos?  32.  Y eso solamente en un mes (octubre de 2011).

Pero no metamos a todos los kenianos en el mismo saco.  Porque  no son todos iguales.  Los buenos, los “tocados por la varita”, pertenecen a una tribu que en total suma 3 millones (de los casi 35 millones de habitantes que tiene toda Kenia).  Viven en el Valle del Rift y son el pueblo kalenjin.  (Sí, Decathlon toma el nombre de su marca de esta tribu).

Para averiguar qué hace que esta tribu sea especial, montones de científicos, atletas y curiosos de todo tipo han peregrinado hasta el Valle del Rift, dispuestos a desentrañar in situ el secreto detrás de estas marcas asombrosas.

Y la colección de motivos es tan amplia como curiosa:

Unos lo achacan sin dudarlo al ugali, base de la alimentación kalenjin, muy rica en almidón.   Esta especie de polenta blanca se elabora a partir de harina de maíz, que no tiene gluten y por lo tanto no es panificable.
Otros dicen que la clave está en la ingesta de plátanos, tanto en su variedad dulce como la que requiere de cocción.  En el Valle del Rift suelen cultivarse relativamente bien.

Luego también hubo alguno que aseguraba que el secreto estaba en ¡la cuchara! con que cocinan, pues se fabrica con la madera de un árbol cuyas sustancias químicas….  En fin.  Dejémoslo ahí.

Otras causas analizadas: 
  • La altitud y el metabolismo del oxígeno.
  • El que los niños se desplacen corriendo varios kilómetros para ir a la escuela.
El problema es que:  pueblos que vivan en altitud, cuyos niños atiendan escuelas en aldeas lejanas, dieta rica en almidón… hay varios, sin salir de África.  Y no corren como los kalenjin.

¿Podrían ser, pues, las causas de naturaleza socio-económica?

Un corredor como Kipkemoi Keni puede ganar entre 10.000 € y 20.000 € al año.  Lo que no está nada mal si quieres vivir bien en tu tribu africana.  ¿Acaso no hay mejor estímulo que éste, para que sus paisanos intenten emular a los primeros héroes que volvieron con medallas?  Sin duda asegura que siga habiendo cantera.  Pero esto no es una causa, sino más bien con una consecuencia.  No explica el origen de este perfil de corredor excepcional.

Nos queda la genética, tema peliagudo en una sociedad que ha visto  y vivido horrores nacidos de la eugenesia.   Durante años, la comunidad científica, temerosa de ser acusada de aberraciones, ha retenido más tiempo del normal las pruebas que indican que sí existen importantes diferencias étnicas.

Al césar lo que es del césar:  unas piernas kalenjin son unas piernas largas y delgadas; de pantorrillas finísimas y tobillos de pajarito.

Esto se explica por la Regla de Allen, que viene a decir, resumidamente, que los mamíferos de climas fríos suelen tener extremidades más cortas que los de climas cálidos.


Una forma didáctica de entenderlo es comparar estas figuras.  Dos formas de apilar 8 cubos:  2x2x2 y 1x2x4.  La primera con 24 caras expuestas y la otra con 28.  A la hora de regular la temperatura, mientras más superficie haya expuesta, mayor es la pérdida de energía.  Los kalenjin disipan más calor que los de latitudes más extremas.

Pero cuando llamamos héroes a estos sujetos, no lo hacemos únicamente en aras de su genética o su biomecánica.  Eso carece totalmente de emoción.  Si algo tienen en común todos los deportistas de élite, sean de donde sean, es que viven bajo la amenaza constante de lesiones, sobresfuerzos y dolor.

Saber soportar la adversidad es una baza importante en la psicología de todo deportista.  Cuanto más importante sea el objetivo, más somos capaces de enmascarar las percepciones físicas que nuestro cuerpo envía.  La tolerancia al dolor (incluso a la agonía) puede ser la clave entre dos deportistas de iguales condiciones físicas.


Y aunque sin duda el umbral del dolor de los corredores, incluso amateurs, se eleva con el entrenamiento, en los kalenjin este aguante cobra un significado distinto.

Resulta que la cultura kalenjin tiene ritos de iniciación, de paso hacia la edad adulta, tan escabrosos y dolorosos que no me da el pulso en las manos para escribirlo aquí.  Ritos que acaban invariablemente en una circuncisión atroz capaz de traumatizar a cualquier foráneo.  Y aquél chaval que se atreva a hacer una mueca de dolor será la deshonra de su familia.

¿Y las atalantas?  Ellas también, desafortunadamente también viven su particular calvario, como parte de su cultura.  Y lo que nos temíamos:  acaba igual.  Aunque peor:  ablación genital femenina.

“Female Genital Mutilation among the Kalenjin ethnic group starts with the circumcisor "pulling the clitoris and stinging it with leaves of a nettle plant ... that caused a swelling of the clitoris.  The application took several hours with such a strong pain that some initiates fainted during the process.  This was followed by the actual cutting of the entire clitoris and surrounding tissue of labia minora and labia majora after smearing it with flour to create a firm grip." .  Fuente.

Si demuestran dolor, parirán hijos cobardes.  Hasta donde se sabe, no hay un gen que determine la mayor o menor tolerancia al dolor.  Cabe especular, entonces, de una adaptación cultural.  La presión de una cultura que premia ciertos comportamientos, crea expectativas y mide el éxito en función de este comportamiento.

Termina este artículo con tus propias reflexiones.




Enlaces de interés:   

Fundación Kirira – Contra la Mutilación Genital Femenina







30 de julio de 2013

¡Hola! ¿Me recordáis?


Sólo quería dejar un breve nota "oficial" para comunicar que me voy a tomar un descanso en esto de bloguear. "A buenas horas", diréis. Bueno, sí, ya sé que es bastante obvio, ya que hace meses que no publico nada (y me avergüenzo por ello).

Podría aburriros con historias de cómo mis responsabilidades profesionales me dejan cada vez menos tiempo libre. O contaros cómo nuevos intereses y viejas aficiones llenan mis días de felicidad y nuevos conocimientos. Pero nada de eso viene al caso ahora. El asunto es: de momento dejo de bloguear. Y me duele; porque disfrutaba investigando temas que despertaban mi curiosidad.  Me dejo en el tintero temas apasionantes que quería compartir con vosotros... Quizá más adelante, quién sabe...
 
Y siiiií, ¡sigo y seguiré corriendoooo! Es más:  intento cada día hacerlo mejor. Que quede claro:  el descanso es de escribir, no de correr.  Así que si tenéis un buen plan, ¡por favor no dejéis de avisarme!

Dejo Atalantas Web para que consultéis antiguas entradas. Yo misma a veces me "auto-consulto", ¡en serio! Por mi parte, cuando esté lista, volveré a publicar. Quizá no en español, tal vez no sobre deporte, el tiempo dirá...

Gracias a todos de verdad por los más de dos años en que Atalantas Web llegó a crear una pequeña pero activa comunidad de gente maravillosa. Os quiero. ¡Las atalantas seguiremos!