3 de noviembre de 2010

¡Derecha esa espalda!


No suele ser normal pero sí frecuente ver entre algunos corredores con los “hombros cargados”.  Lo he venido notando últimamente, en esos minutos previos a una carrera en que estamos todos congregados en la línea de salida y una forma de pasar el (breve pero eterno) tiempo antes del disparo de arranque es observar a tus compañeros.  He de decir que en los chicos, sobre todo si son muy delgados, esto se nota bastante más, ya que ellos no tienen en el pecho lo que a nosotras nos ayuda a compensar visualmente la silueta.  Por explicarme mejor:  es como si tuvieran el pecho “hundido”.  

Pues bien, investigando un poco sobre el tema, he podido confirmar que no se trata de una mera impresión mía.  Este síndrome existe, es real y es el resultado de adoptar progresivamente la mala postura de girar hacia adentro los hombros.  Y tan cierto como eso lo es que se puede prevenir y corregir en gran medida.  Como no creo en la hipnosis ni en la homeopatía, propongo algunos ejercicios sencillos para incorporar a tu rutina diaria  o para realizar en los días que descanses de correr.  Son sólo cinco, para que tengas para elegir en función de tu tiempo libre y material para trabajar del que dispongas.

Si quieres saber un poco más, lee el siguiente artículo de AtalantasWeb.


23 de octubre de 2010

Lo barato sale caro

Si llevas un rato en esto, ya te habrás dado cuenta de que aquello que tanto dicen, “correr es el deporte más barato que hay”, no es “frecuentemente cierto”.  Con la mejor intención, mil veces te habrán asegurado que, con una mínima inversión, generalmente en calzado, ya estarías lista para salir teniendo delante miles de kilómetros esperándote, a diferencia de otros deportes que requieren pelotas, raquetas, elementos de apoyo y protectores corporales, así como sus respectivos porta-pelotas, transporta-raquetas, guarda-apoyos y protege-protectores…  ¡!

Y a pesar de que en esta comparación correr pueda parecer elemental y natural (¡y lo es, pero con matices!) el nuestro no es un deporte económico una vez que se cruza el umbral de tomarse los entrenamientos con un poco más de rigor.  Y ese umbral se traspasa cuando decides prepararte para alguna carrera señalada o simplemente para seguir sintiendo ese punto de esfuerzo que nos hace sentir que nos movemos.  Es entonces cuando necesitarás algo más que una “mínima inversión”.  

Hay una lista extensa de indumentaria, accesorios y servicios profesionales que pueden hacer nuestra vida como corredoras mucho más agradable, fácil y hasta estéticamente favorecedora.  Hoy quisiera hacer hincapié en uno en el que, a mi juicio, no conviene escatimar dinero.  Por supuesto que un ahorro es bueno y de agradecer, excepto cuando merme en la calidad del producto adquirido o nos prive de unos beneficios que no siempre son ponderables económicamente.



Zapatillas para correr:  tus aliadas, tus cómplices… en definitiva, tus mejores amigas en los rodajes y en las competiciones.  Son la compra más importante de una corredora, así como la más personal:  sabrás que tienes el calzado ideal cuando estés corriendo y no tengas que acordarte de él mientras lo estés usando.

Si por ahorrarte un dinerillo decides adquirir un par de zapatillas de inferior calidad, puedes acabar pagando con creces la cantidad inicialmente ahorrada.  Lo mismo sucede si alargas en exceso su vida útil.  Inicialmente los defectos no son fáciles de detectar, pues cuando son nuevas las zapatillas rinden casi tan bien como un modelo de gama superior.  Peligro:  atribuirás fallos e incomodidades a la falta de costumbre y por adaptarte a ellos incurrirás en malas posturas y hábitos que pueden perjudicar la salud de tus pies, caderas, espalda…  Cuando las propiedades mecánicas de unas zapatillas baratas o demasiado usadas hayan dado de sí todo lo que podían dar, tus pies se sentirán tan cómodos dentro de una horma conocida que no querrás cambiarlos.  Por eso más vale prevenir.

Aunque se te trencen las tripas o se te tense la mandíbula a la hora de pagar, procura comprar un calzado de marcas de prestigio.  Como guía, un buen par te costará por encima de los 100€ y pagar mucho más de este precio no mejora significativamente sus propiedades mecánicas, lo contrario de lo que sucede cuando el precio baja de esta cifra.  Lee comparativas técnicas en revistas especializadas (aunque debes estar atenta para distinguir entre la publicidad que sustenta a la revista y las verdaderas comparativas técnicas).  Hay mil modelos disponibles en el mercado, lo cual puede dificultar bastante nuestra elección, ya que podemos sentirnos abrumadas ante la avalancha de oferta.  Por eso no dudes en preguntar a otras corredoras por sus experiencias con el modelo que usan.  Verás que al final no hay tantos como parece y que muchas Atalantas han hecho populares unos pocos modelos solamente.    

¿Cómo ahorrarte dinero de otra forma y de una forma más inteligente?  

Compra segura de lo que quieres y necesitas.  Muchas tiendas de deporte ofrecen gratuitamente un análisis de pisada por ordenador.  Esto ya te hace ganar mucho, pues tendrás la tranquilidad de estar haciendo una buena inversión en un artículo que luego no tendrás que abandonar por inservible.  

Es importante que sepas cuantificar y cualificar los kilómetros que haces a la semana, así como el tipo de superficie por la que entrenas.  Esta información es clave para saber si necesitas elementos adicionales que te aporten sujeción, estabilidad, o más amortiguación de la pisada.  Ten en cuenta que si eres una corredora polivalente, probablemente necesitarás un par específico para cada tipo de modalidad.  Lo siento, pero es así.  No existe la zapatilla que valga igual para correr por el parque cerca de tu casa que para bajar y subir fuertes pendientes entre piedras sueltas.

Si crees que has hecho una buena compra, asegúrate de saber nombrar a tus zapatillas por su nombre y apellido por si quieres volver a repetir el mismo modelo.  Como las siglas y nombres comerciales no se me quedan en la cabeza, cuando toca renovar me llevo el par viejo y pido que me den las mismas… 

Intenta comprar en la misma tienda.  Prefiere las pequeñas y especializadas a las grandes y genéricas.  Así no sólo favoreces a los comerciantes más pequeños, sino que con el tiempo te llegarán a conocer y podrán hacerte un descuento adicional por ser cliente fija.  

No tienes que comprarte el último modelo que haya sacado tu marca de confianza.  Generalmente en las tiendas siempre quedan pares de la temporada anterior que son tan válidos como las últimas incorporaciones al catálogo y que por lo regular tienen un precio inferior por estar menos solicitadas.  En un año, lo que sale a relucir más es el trabajo de Marketing del fabricante antes que sus conclusiones en I+D.

Y por último, cuida de ellas para que te duren en las mejores condiciones.  A pesar de lo que recomiendan por ahí y para el tiempo que me duran las zapatillas antes de que me toque renovarlas, yo no soy ni de lavadoras ni de secadoras.  Después de cada uso, dejo que se ventilen naturalmente sin que jamás les dé el sol directo (calor y goma no son buenos amigos).  Y si están un poco sucias tampoco pasa nada; encuentro un poco de disfrute en que se note a simple vista qué tan lejos he llegado con ellas…  

Mi trucoconserva la caja original del embalaje.  Anota en ella la fecha de la compra y prométete revisar tus zapatillas dentro de un año.  Si has sido buena, seguramente entonces sea tiempo de escribirle una carta a los Reyes Magos…

10 de septiembre de 2010

Tiene que salir de dentro

Siendo éste un blog joven, me gustaría dejar sentado desde sus inicios que ni tanto él ni como el resto de contenidos de AtalantasWeb tienen una intención proselitista.  
Tengo la convicción de que no se puede (ni debe) insistirle a nadie para que empiece a correr.  Por supuesto que me encantaría que las calles y caminos se llenaran de “colegas”, ¡sobre todo de mujeres!, pero soy consciente de que no es un deporte afín cualquier tipo de personalidad (aunque sí apto y recomendable para todas las personas).  Correr con regularidad requiere un mínimo de disciplina y de sacrificio que sólo compensan si existe un deseo genuino de hacerlo.  Si correr por placer ya cuesta algunas veces (sobre todo los primeros diez minutos), malo es hacerlo con poca disposición o por los motivos equivocados.
Hace algún tiempo, un corredor amateur que me contaba su rutina de entrenamiento, para al final añadir que “correr no le gustaba nada”.  Aun hoy sin palabras para describir mi asombro, quiero pensar que casos como este hay (porque de todo tiene que haber) uno en un millón.  ¡Y es que sobran deportes entre los que elegir el que más se adecúe a las circunstancias y carácter propios!
Disciplina y sacrificio:  el inicio del camino que nos llevará a disfrutar.  Ya sé que con esto no aliento a nadie que quiera iniciarse, pero no sé de otra forma…  Intentar animar a otros a correr puede ser un acto cargado de buenas intenciones, pero casi siempre inútil y desagradecido.  Sólo cabe esperar que todo lo bueno que nos aporta la carrera se note y sirva de incentivo a que otras personas se animen a probar. 

8 de septiembre de 2010

"De qué hablo cuando hablo de correr". De Haruki Murakami


El nombre de este libro no pasa desapercibido a ningún corredor.  Con la intuición de toparme ante una temática que me sería familiar pero también con la prevención de que se tratase de esos títulos caprichosos que no tienen nada que ver con el contenido, tomo un ejemplar...  ¡Una ojeada al azar por sus páginas centrales me convence de que debo continuar en casa con su lectura!
Lamento decir que no conocía a Haruki Murakami.  Me era desconocido tanto como autor de las novelas que le han dado tanto éxito internacional, como corredor aficionado (faceta que se toma muy en serio).  Por lo tanto, sin ningún prejuicio abordo la lectura de este diario escrito intermitentemente y de forma bastante relajada. 
Sólo nueve entradas fechadas tienen estas memorias del Murakami corredor. La idea de este libro nació diez años antes de comenzarlo y fue escrito finalmente entre el verano de 2005 y el otoño de 2006.  En él, Murakami plasma una serie de ideas principales relacionadas con el hecho de correr y en un segundo plano analiza cómo influyen y complementan al Murakami escritor.  Una lectura sólo para agente afín, supongo.  Me refiero a corredores varios, a admiradores incondicionales de este escritor o a quienes reúnan ambas características.
Siempre sin entrar en detalles demasiado íntimos (se agradece que sea el tipo de autor que no expone su vida a las masas ni pretende erigirse en ejemplo de nada), Murakami relata las circunstancias que forjaron su primera novela, sus comienzos como corredor, su primer maratón… hasta que las carreras de fondo llegaron a convertirse en parte de su ciclo vital.
Como si de una charla tranquila entre amigos se tratara (puesto que el autor se confiesa poco hábil en las relaciones sociales), se nota que disfruta cuando relata y contabiliza sus entrenamientos en Hawai, Tokio y Massachusetts, así como algunas de sus “hazañas” personales en maratones y competiciones de triatlón en distintos países. 
No es una narración con un alto sentido de lo lírico, no hay lecciones de filosofía, pocas metáforas y casi ninguna moraleja intencional.  El lenguaje utilizado es asombrosamente llano, aunque hay que tener en cuenta que fue escrito en japonés y que leemos, por ende, el trabajo del traductor.  Pero, insisto, las ideas son sencillas y fuertemente arraigadas a la realidad de su autor.  Y es por esto que sus páginas están llenas de sensaciones...  Es fácil reconocerse en las descripciones de descargas de adrenalina, calor, sudor, sed o frío; a veces dolor, rabia y descontento.  Además, en alguna época de su vida Murakami tuvo que hacerle frente al hastío de correr, afección no poco común en fondistas de larga trayectoria.  En fin, todo eso que uno siente cuando está corriendo, los mantras que nos repetimos cada vez que rebasamos un kilómetro, esas carreras que se ganan más con lo psicológico que con lo físico, el conocerse a sí mismo tan bien interiormente a pesar de que el cuerpo se niegue a responder…  Todo eso lo cuenta Murakami.  Y es así como se le lee:  reconociéndonos en cada página. 
En “De qué hablo cuando hablo de correr” los lectores tendrán delante al tipo de hombre que todo corredor lleva dentro.  Alguien que sufre, que lucha por superarse y a quien ilusiona correr.  Un hombre que, tras más de veinte años dedicados a las carreras de fondo, no puede menos que notar en sí mismo los efectos del paso del tiempo.  Para Murakami se trata de un hecho tan poco deseable como inexorable.   Pero la decadencia física solamente tendrá la importancia que cada uno quiera darle… 
El autor, en un desacostumbrado ejercicio, crea un libro en el que se tiene a sí mismo como protagonista, con la salvedad esta vez de que no puede alterar los resultados.  Lo que está escrito aquí no es ficción.  Pero tampoco somos títeres de la voluntad de un dios que escribe con su pluma el final de las carreras.  Nos queda un resquicio:  y es que, como corredores (Murakami lo descubrió escribiendo estas memorias), tenemos la opción de decir la última palabra.
Título original:  Hashiru koto ni tsuite kataru toki ni boku no kataru koto
Autor:  Haruki Murakami
Traducción del japonés:  Francisco Barberán
Editorial:  Tusquets Editores.  Colección Andanzas
5ª edición:  junio de 2010
ISBN:  978-84-8383-230-1
230 páginas + 8 páginas de fotografías en color
PVPaproximado 17€